
“Las ranas en la olla”: Persistir hasta convertir la crema en manteca
Por Federico Pipman – Asesor de negocios y emprendedores
Hay cuentos que son simples, pero esconden una profundidad tremenda. Este lo escuché por primera vez cuando era janij en el kínder de Planes, en la comunidad Or Israel. Desde entonces, me acompaña. Es un cuento que utilizo muchísimo en talleres, asesorías y charlas. Y, sobre todo, es uno de los que siempre les cuento a mis hijos, Shay y Liby. Porque detrás de su sencillez, esconde una de las enseñanzas más poderosas que un emprendedor —y una persona— puede recibir.
Con los años, también lo volví a escuchar en boca de mi querido Rabino Richard Kaufmann, quien me enseñó que no hay que subestimar el poder de una historia bien contada para despertar conciencia, fe y acción. Su forma de vincular sabiduría ancestral con vida cotidiana marcó mi manera de trabajar con personas, proyectos y sueños.
El cuento
Dos ranas caminaban por una granja cuando, sin darse cuenta, cayeron dentro de un balde lleno de crema.
Intentaron salir nadando, pero la crema era demasiado espesa. No podían flotar ni impulsarse con facilidad. Las paredes del balde eran resbaladizas. Una de ellas, agotada, se rindió. Pensó:
“No tiene sentido luchar, esto es el final”.
Y efectivamente, se hundió.
La otra, en cambio, aunque también estaba agotada, siguió pataleando. Una y otra vez. Sin descanso.
No sabía si lograría algo. No tenía certeza de que iba a salir.
Solo sabía una cosa: no quería rendirse.
Y entonces, cuando parecía que todo era inútil, ocurrió lo inesperado:
tanto pataleo convirtió la crema en manteca.
La consistencia cambió. El líquido se volvió sólido. Y esa rana, usando el mismo esfuerzo que antes parecía inútil, logró impulsarse y saltar fuera del balde.
¿Qué tiene que ver esto con vos, emprendedor?
Mucho más de lo que parece.
✅ 1. A veces, el entorno no está a tu favor
Te movés en un mercado complicado, con reglas poco claras, poca liquidez, competencia feroz o burocracia absurda.
Es fácil sentirse como una rana atrapada en crema.
✅ 2. No sabés si vas a tener éxito
La rana no sabía que su esfuerzo iba a cambiar la realidad. Vos tampoco sabés si tu campaña va a funcionar, si tu socio va a cumplir, si el producto va a escalar.
Pero seguís.
✅ 3. Persistir transforma
El “pataleo” constante, aunque parezca que no genera resultados inmediatos, modifica el contexto.
Ese llamado extra, ese contacto más, esa capacitación, ese ajuste en el pitch… no sabés cuál será el que haga “cuajar” la manteca.
Punto clave: el emprendedor no solo resiste… transforma
La rana no solo se salvó: cambió la naturaleza del problema.
Donde había una trampa líquida, hizo suelo firme.
Y eso mismo hace un emprendedor cuando insiste, adapta, prueba y aprende: transforma el medio con sus acciones.
El emprendedor no es víctima del entorno, sino agente de cambio.
El que convierte frustraciones en producto, rechazos en red, y presión en impulso.
Otro enfoque: ¿y si no estuvieras solo?
Una lectura más moderna del cuento podría preguntarse:
¿Y si las dos ranas hubieran cooperado?
¿Y si una ayudaba a la otra, o al menos le daba aliento para seguir?
En el mundo emprendedor, esto es crucial:
No siempre podemos salir solos del balde. Y no deberíamos tener que hacerlo.
Por eso, crear comunidad, compartir experiencias, pedir ayuda y armar red no es debilidad, es sabiduría.
Hoy más que nunca, ningún emprendedor debería estar solo.
Y parte de crecer es también ser esa otra rana que da una pata a quien recién cae.
La diferencia no es la fuerza. Es la actitud.
Ambas ranas estaban en la misma situación.
La que vivió no era más fuerte ni más sabia.
Solo persistió un poco más.
Y esa diferencia la separó de la muerte.
Aplicalo a tu vida emprendedora
- ¿Estás en un momento denso, donde todo se siente como nadar en crema?
- ¿Estás pensando en frenar, en dejarlo para más adelante, en rendirte?
- Preguntate: estoy frente a un final… o frente a una transformación que todavía no puedo ver?
Muchas veces, el cambio ocurre después del cansancio, no antes.
El músculo crece cuando duele. El negocio cuaja cuando insistís.
Cierre
Seguir no es garantía de éxito. Pero abandonar sí es garantía de fracaso.
Ser emprendedor no es evitar caídas, sino decidir seguir nadando cuando otros ya se rinden.
Pero además, es animarse a cambiar lo que otros aceptan como imposible.
Y cuando podés, es levantar la cabeza y ver a quién podés ayudar a salir del balde con vos.
Así que…
¿Qué vas a hacer hoy?
¿Rendirte?
¿O seguir pataleando hasta que la crema se vuelva manteca?
MBA Federico Pipman

