
La Torá y Los Simpson: Lo sagrado en lo absurdo
Hace poco me animé a conectar la Torá con El Chavo del 8, y alguien me dijo en tono de broma:
“Bueno, si pudiste hacer eso… ahora encontrá judaísmo en Los Simpson.”
Y otra vez, el desafío encendió la creatividad. Porque si bien Los Simpson es una serie irreverente, crítica y muchas veces exagerada, también es un espejo deformado pero real de la sociedad, la familia, la fe y el comportamiento humano.
Y si la Torá es un mapa de sabiduría para la vida… entonces, incluso Springfield tiene algo que enseñarnos.
1. Homero Simpson y la Teshuvá (el arrepentimiento)
Homero vive cometiendo errores: descuida a su familia, se deja llevar por el deseo, actúa por impulso.
Pero —como muchos de nosotros— siempre vuelve. Pide perdón, reconoce (a su manera) sus errores y busca reconectar con los suyos.
La Teshuvá no requiere ser perfecto, sino tener la humildad de reconocer dónde te caíste… y volver a intentarlo.
“¿Intentaste hacerlo bien?”
“¡Sí! Bueno… más o menos. ¡Pero lo intenté!” – Homero
2. Lisa Simpson y el valor del estudio
Lisa es la voz de la conciencia, la razón y el idealismo. Se dedica al estudio, cuestiona la injusticia, se preocupa por el mundo.
En muchos sentidos, representa al Talmid Jajam moderno: busca la verdad, incluso cuando es incómoda.
La Torá valora el estudio como camino a la acción ética. Lisa nos recuerda que aprender también es una forma de servir.
✡️ 3. Krusty el Payaso: El judío que se esconde
Krusty (Herschel Krustofsky) es un payaso famoso… e hijo de un rabino ortodoxo. Su historia mezcla humor y emoción: quiso hacer reír al mundo, pero cargando con el dolor de sentirse rechazado por su padre.
En un episodio clave, se reconcilian cuando el rabino ve que su hijo también aporta luz al mundo, solo que de otra manera.
Este dilema es muy judío: la tensión entre tradición y modernidad, entre expectativas y autenticidad.
La Torá también nos habla de padres e hijos que se buscan, y al final el vínculo triunfa sobre la diferencia.
«Un judío puede ser muchas cosas… incluso payaso.» – Rabino Krustofsky
4. Ned Flanders y la fe constante
Aunque es evangélico, Ned Flanders representa al creyente sincero. Nunca pierde la fe, incluso cuando todo se derrumba.
A veces es ridiculizado, pero su figura también plantea una pregunta válida:
¿Qué significa tener fe sin fanatismo, sin juicio, con compasión?
La Torá no quiere robots religiosos, sino personas que amen, duden, y aún así elijan el camino del bien. Flanders, en su torpeza, muchas veces lo logra.
5. Hajnasat Orjim: Hospitalidad estilo Simpson
A lo largo de la serie, la familia Simpson abre sus puertas a muchísima gente, incluso en situaciones incómodas o caóticas:
Al Abuelo Simpson, que vive con ellos aunque los saque de quicio.
A Patty y Selma, las hermanas de Marge, que critican a Homero cada vez que respira… pero siempre tienen un lugar en la mesa.
A Milhouse, Flanders, Lenny, personas sin hogar, artistas, y todo tipo de personajes inesperados.
La Mitzvá de Hajnasat Orjim —recibir invitados— es central en la Torá. Avraham Avinu es el modelo por excelencia: salía a recibir visitantes en plena recuperación médica.
Y en Springfield, la casa de los Simpson es caótica, sí, pero siempre hay un plato más, un sillón disponible o una muestra de calidez improvisada.
Ese es el verdadero espíritu de la hospitalidad judía: no tener todo perfecto, sino el corazón abierto.
6. La familia Simpson: Caótica, pero unida
La Torá no nos presenta familias perfectas. Desde Adán y Java hasta Yaakov y sus hijos, todas tienen errores, conflictos, celos, reconciliaciones.
La familia Simpson discute, se equivoca, se grita… pero nunca se abandona.
Y en eso, hay un mensaje muy judío: el amor no es la ausencia de problemas, sino el compromiso de seguir juntos a pesar de ellos.
7.Sr. Burns: El poder sin ética
Charles Montgomery Burns es millonario, poderoso, despiadado.
No le importa su personal, la justicia social ni el medio ambiente.
Para él, lo único valioso es el control absoluto.
En la Torá, el poder no se celebra por sí mismo. Al contrario:
Se nos recuerda constantemente que quien tiene más, debe dar más.
“El poder sin compasión se convierte en opresión”, enseñan nuestros sabios.
Burns es el faraón de Springfield: endurecido, egocéntrico, desconectado del sufrimiento humano.
Y sin embargo…
A veces muestra humanidad (como con su oso Bobo, símbolo de su infancia perdida).
En ciertos episodios, incluso busca afecto, compañía, o algo parecido a redención.
Eso también es una enseñanza judía: no hay corazón que no pueda ablandarse, no hay figura que no pueda aprender a dar.
✨ Conclusión: La Torá también vive en Springfield
Puede sonar a broma, pero la Torá no es solo para las sinagogas y los libros sagrados.
Es una guía para entender al ser humano en todas sus versiones: la sabia, la ridícula, la rebelde, la cansada, la esperanzada.
Y si podemos encontrar enseñanzas en un Homero torpe, una Lisa idealista, un Krusty perdido y una familia disfuncional, entonces quizás estemos más cerca de aplicar la Torá a nuestra propia vida real.
Porque cuando Homero intenta ser mejor padre, Lisa defiende la justicia, Krusty se reconcilia con su padre, Flanders sigue creyendo, y Marge recibe a sus hermanas con sopa caliente…
entonces Springfield se convierte en una ciudad con chispa de santidad.
Porque como dijo un rabino una vez (o tal vez fue Marge):
“Lo importante no es tener una familia perfecta, sino seguir eligiéndola todos los días.»Porque el judaísmo no se trata solo de lo perfecto, sino de ver lo sagrado en lo cotidiano.
Incluso si eso cotidiano tiene cuatro dedos amarillos y vive en Springfield.
MBA Federico Pipman
Bart Simpson – El rebelde que quiere ser visto
A primera vista, Bart es un travieso crónico: rompe reglas, hace bromas pesadas, desafía la autoridad. Pero detrás de esa fachada hay un niño inteligente, sensible y con enorme necesidad de ser reconocido.
En uno de los episodios más recordados, Bart se hace famoso solo por decir:
“¡Yo no fui!” (I didn’t do it)
Y de repente, la sociedad lo reduce a eso: una frase vacía que todos aplauden, pero nadie ve quién es realmente.
La Torá conoce bien este dilema:
Muchos de nuestros grandes personajes no fueron entendidos al principio.
Yosef fue acusado injustamente. David fue subestimado. Incluso Moshé dijo: «¿Quién soy yo para ir ante el faraón?»
Bart no es malo: es alguien que no quiere ser ignorado. Tiene creatividad, empatía, coraje… pero no encuentra un canal sano para expresarlo.
Como muchos chicos de hoy, cuando el entorno no ve tu esencia, te refugiás en el caos.
“Incluso el travieso tiene chispa de tikún”, dicen los jajamim modernos.
La educación judía no busca uniformidad: busca encender la llama única de cada alma.
Bart necesita eso: alguien que no lo etiquete por su última travesura, sino que vea su potencial de líder, protector, hermano y buscador de justicia.
No es el “yo no fui” lo que lo define, sino el “yo puedo ser mucho más”.
Bonus Track: Más personajes, más Torá en Springfield
Cuando compartí estas ideas, muchos me dijeron:
“¿Y Moe?” “¿Y Nelson?” “¿Y Apu?” “¿Y Skinner?” “¿Y Barney?”
Así que acá va el lado B de Springfield: personajes secundarios que, como en la vida real, ocultan historias profundas bajo capas de humor, caos o sufrimiento.
Moe Szyslak – El solitario que anhela pertenecer
Moe, el cantinero, es amargo, sarcástico y muchas veces depresivo.
Pero en el fondo, lo que más busca es ser querido. Tiene miedo, carencias, frustraciones… pero también momentos de generosidad y ternura inesperada.
La Torá no desprecia a quien cayó, sino que lo abraza:
“No ignores al corazón roto.” (Tehilim)
Moe nos recuerda que detrás de cada cinismo hay una herida, y que muchas veces el mayor acto de jesed es escuchar sin juzgar.
Nelson Muntz – El bully que también sufre
Nelson es el matón de la escuela… pero vive con una madre ausente, sin padre, en pobreza.
Se ríe de otros porque no quiere que se rían de él.
El judaísmo nos enseña a mirar más allá del comportamiento y ver la historia detrás.
Incluso quien daña, muchas veces es alguien que no sabe cómo pedir ayuda.
Nelson ha tenido momentos donde protege a otros, muestra nobleza o revela su lado sensible.
Eso también es tikún.
“Ha-ha!” puede sonar cruel, pero también es un escudo.
Maggie – El silencio que sostiene
Aunque nunca habla, Maggie es muchas veces quien salva el día.
Con acciones pequeñas, presencia constante y amor silencioso, cumple un rol clave.
Así como en la Torá muchas mujeres son discretas pero esenciales —Miriam, Rut, Yojebed—, Maggie representa el poder de lo callado, lo invisible, lo constante.
En un mundo que valora el ruido, ella enseña el valor del silencio con propósito.
Milhouse – El vulnerable que sigue creyendo
Milhouse es débil, inseguro, muchas veces humillado. Pero nunca deja de querer, de soñar, de apoyar a Bart aunque lo traten mal.
En la tradición judía, el valor del emet (verdad emocional) y la emuná (fe) también se expresa en la perseverancia de quienes no bajan los brazos aunque todo les cueste más.
Milhouse es un símbolo de ternura en un mundo duro.
El judaísmo también protege y enaltece a los sensibles.
Apu Nahasapeemapetilon – El otro que también busca su lugar
Apu, inmigrante de la India y devoto practicante del hinduismo, trabaja incansablemente en el Kwik-E-Mart, estudió en EE.UU., y aún así es tratado con desconfianza por ser “el diferente”.
Sin embargo, es uno de los personajes más íntegros, generosos y trabajadores de Springfield.
En el judaísmo, el ger (el extranjero que vive entre nosotros) es sagrado:
“No oprimirás al extranjero, porque ustedes fueron extranjeros en Egipto.” (Éxodo 22:20)
Apu vive la paradoja de ser parte y no ser parte, como tantos judíos en la diáspora o dentro del propio pueblo (olim, conversos, judíos de diversos orígenes).
Su figura nos recuerda que la piedad, la dedicación familiar y la búsqueda de sentido no tienen pasaporte ni etiqueta religiosa.
Director Seymour Skinner – El orden como refugio
Skinner es el director de la Escuela Primaria de Springfield.
Un hombre marcado por su pasado militar, por su madre dominante y por una búsqueda constante de control y disciplina.
Su obsesión por el orden es, en realidad, una forma de gestionar el caos emocional que vive por dentro.
En la Torá, el orden (seder) es fundamental —pero solo cuando sirve al crecimiento espiritual.
Skinner a veces cae en el extremo de hacer del orden un fin en sí mismo, olvidando la compasión.
Pero también nos enseña algo valioso: que muchos adultos que parecen rígidos… en realidad son niños heridos que encontraron estructura como salvavidas.
Y aún así, Skinner intenta. Sigue enseñando, sigue luchando.
Eso ya es redención.
Barney Gómez – La caída y la posibilidad de volver
Barney, el amigo de Homero, es alcohólico y muchas veces causa risa por su estado deplorable.
Pero detrás del chiste hay una historia triste: era un estudiante brillante, con futuro, que perdió el rumbo.
En el judaísmo, el concepto de teshuvá (retorno) es central.
Barney ha tenido momentos de lucidez en los que intenta salir adelante, estudiar, rehabilitarse.
Aunque cae, aunque no lo logra del todo, su lucha representa a millones que no bajan los brazos.
“Siete veces cae el justo, y se levanta.” (Mishlé 24:16)
Barney nos recuerda que no hay alma perdida, y que incluso entre vasos vacíos puede haber una luz esperando ser encendida.
Conclusión del Bonus: La Torá es para todos
La Torá no fue entregada a ángeles ni a santos perfectos.
Fue dada a un pueblo real, con miedo, con debilidades, con errores… y con esperanza.
Y por eso, incluso personajes como Moe, Nelson, Maggie, Milhouse, Apu, Skinner o Barney, que parecen caricaturas, nos interpelan como seres humanos.
Porque en cada uno hay una chispa de divinidad.
Y como dice la Guemará:
“Cada persona tiene su hora, y cada cosa su lugar.” (Avot de Rabí Natán)
Que sepamos mirar con ojos de Torá incluso lo que parece solo entretenimiento.
Y que aprendamos a ver lo que Dios ve: el alma detrás del personaje.
MBA Federico Pipman asesor de emprendedores

