
“Mitváj, no Mitbáj”: la tragicomedia de un olé y el poder del idioma
El mensaje
“¡Todos al mitváj ahora!!!”
Así empezó todo. Un simple mensaje en el grupo de WhatsApp del trabajo.
Un llamado urgente para llegar al campo de tiro.
Pero claro… cuando sos olé, cada palabra en hebreo puede ser una trampa mortal.
Ricardo —recién llegado, entusiasta, uniforme impecable, corazón sionista a full— leyó “mitváj” y entendió “mitbáj”.
¿Y qué es mitbáj?
Nada menos que la cocina.
Así que, obediente y puntual, fue directo al microondas.
Manda una selfie: “Estoy acá, pero no hay nadie”.
El grupo explota.
“¿De dónde venís, de Argentinaaaa??? ¡Todos estamos acá ya!”
Y él, con cara de orgullo y un fondo de pava eléctrica:
“Creo que me equivoqué de piso.”
El remate fue histórico:
“¡¡¡Mitváj, no mitbáj!!!
¡Campo de tiro, no cocina!
¡Aprendé hebreo ya, campeón!”
Entre el mate, el microondas y el miluim
Podría parecer solo un chiste, pero en el fondo hay algo mucho más profundo.
Cada olé vive ese momento en que el hebreo se convierte en una aventura absurda: una letra mal leída, una palabra parecida, y de pronto estás en el lugar equivocado, en el momento perfecto… para reírte de vos mismo.
En Israel, equivocarse no es un pecado. Es parte del proceso.
Porque la verdadera integración no se da solo en los papeles del Misrad HaKlita, sino en esas anécdotas que después se transforman en historias que todos contamos con una sonrisa.
El hebreo y sus trampas
El hebreo y sus trampas
Cuando llegué a Israel, me pasaban esas cosas todo el tiempo.
Una vez, en mis primeros días, quise decir “tomar el autobús” y, con total seguridad, solté:
“אני הולך לשתות אוטובוס” — “voy a beberme el colectivo”.
El israelí que estaba al lado casi se desmaya de la risa.
Y no fue la única.
Cada semana tenía una nueva perlita.
Una vez, en una cafetería, quise pedirle a la empleada que me caliente las burekas.
Tenía que decir “Efshar lejamem et haburekas?”,
pero me salió “Efshar lehitjamem et haburekas?” —
que en hebreo suena como si le hubiera dicho:
“¿Puedo calentarme yo con las burekas?” o peor aún… “¿Podés calentarme vos?”
La mujer me miró sorprendida, se rió, y con toda la naturalidad del mundo respondió:
“אני לא מחממת גברים, רק מאפים.”
(“Yo no caliento hombres, solo facturas”).
Ahí entendí que el hebreo puede ser tan picante como las burekas de queso.
Otra vez, tenía que decir que el aire acondicionado estaba roto —“masgan” (מַזְגָּן)—
pero en mi cabeza salió “majsan” (מַחְסָן), que significa depósito o galpón.
Así que terminé avisando que el depósito no enfría.
El encargado me miró confundido y respondió:
“נכון, גם לא אמור.”
(“Claro, tampoco debería hacerlo”).
Y la mejor: una vez pedí un proyector para mostrar una presentación desde la compu,
pensando que me iban a traer un makrén (מַקרֵן),
pero en Israel “proyector” (פרוג’קטור) significa luz o reflector.
A los cinco minutos aparecieron con un foco enorme y me dijeron sonrientes:
“הבאנו את הפרוג’קטור שלך!”
(“¡Te trajimos tu proyector!”).
Y yo, tratando de no reírme, pensé: al menos la clase va a estar bien iluminada. ?
A veces me daba vergüenza, pero después entendí que cada error era una medalla más:
una historia que hacía reír, una palabra que quedaba grabada,
y una prueba de que estaba aprendiendo con vida, humor y corazón.
Aprender el idioma… y reírse en el camino
El hebreo no se aprende solo en el ulpán.
Se aprende en los grupos de WhatsApp, en las bromas del trabajo, en los cafés con amigos.
Se aprende cuando te corrigen con cariño, entre risas y emojis.
Y se consolida cuando entendés que detrás de cada confusión hay un paso más hacia pertenecer.
Porque un día vas a leer “מטווח” y saber que vas al campo de tiro.
Y otro día, entre mates y risas, vas a contarle a los nuevos olim tu historia del “mitbáj”.
Moraleja
No hay ascenso más heroico que pasar del microondas al M16.
Ni error más noble que el de quien intenta, aprende y sigue adelante.
Así es la vida del olé:
entre hornallas y balas, entre hebreo y humor, entre errores que se convierten en banderas.
Mitváj, no Mitbáj. Pero siempre con corazón.
✍️ MBA Federico Pipman
CEO de Mamá Mía 360 | Asesor de negocios y coach motivacional

