Networking: la llave invisible del éxito
? La palabra mágica en Israel
Dicen que en Israel la palabra mágica no es “gracias”, sino ¿a quién conocés?. Y no lo digo en broma: después de 15 años en esta tierra aprendí que no siempre gana el más capaz, ni el que más sabe, sino aquel que sabe construir puentes, cultivar amistades y abrir ventanas cuando no hay puertas. A eso le llamamos networking.

? Una pizza, una lección
Hace unos días, un motzéi Shabat, salí a caminar con mi hija. En el camino, me pidió una pizza. Llamé al local y me dijeron que la espera era de 50 minutos. Ella insistió: “Papá, quiero hacer algo kef contigo”. Entonces recordé que allí trabajaba David, nieto de mi familia adoptiva en Israel. Volví a llamar, pregunté por él, y me dijo: “Venite en cinco minutos”. El lugar estaba lleno, pero a nosotros nos esperaba una pizza especial, coronada con más ingredientes de lo habitual —aceitunas y choclo repartidos por toda la masa— y hasta nos regalaron algo extra. Era un trato VIP en un sitio abarrotado.
Mi hija, con esa sinceridad que solo los niños tienen, me dijo: “Papi, hiciste trampa, eso no se hace”. Yo le respondí con una sonrisa: “No es trampa, hija. Eso se llama networking”.
?? Un recuerdo de mi padre
Y le conté una historia de mis primeros viajes a Israel. En 2006, cuando necesité mi pasaporte, fuimos con mis padres a la calle Azopardo, en Buenos Aires. La cola daba la vuelta a la manzana. Yo me rendí: “Mamá, de acá no salimos más”. Pero mi padre, Daniel, caminó hasta la puerta, preguntó por una persona, y en minutos estábamos adentro. Un abrazo, unos chistes, un “qué lindo verte”… y cinco minutos después tenía el pasaporte en la mano.
Lo que parecía imposible, se resolvió con una red tejida a lo largo de años de vínculos genuinos. Mi padre salió dejando un buen vino y una caja de chocolates de primer nivel, no como pago, sino como gesto de gratitud y amistad hacia alguien que lo apreciaba de verdad.
Israel y sus reglas no escritas
Años después, tras terminar el ejército, busqué trabajo en el correo de Israel. Me presenté a un examen junto a más de 50 personas. Un compañero me confesó que era la tercera vez que lo intentaba. Las preguntas eran absurdas: quién había ganado Eurovisión en cierto año, qué canción llevó Israel, detalles de programación de TV, preguntas en inglés imposibles. Yo, por supuesto, no pasé.
Luego me enteré de la verdad: el examen era un protocolo, pero solo entraba el que tenía un conocido adentro. Una vez más, la lección se repetía: no siempre gana el más estudioso, gana el que sabe conectar.
? Dato clave: en Israel, se estima que más del 70% de los trabajos se consiguen por contactos personales y networking, no por búsquedas abiertas.
Sabiduría eterna aplicada
La Torá nos habla del poder de la javerut (amistad) y de la kehila (comunidad). El Talmud enseña que “Ohev javerim, o met” —“o tienes amigos, o estás perdido”.
En el mundo moderno, Daniel Goleman nos recuerda que la inteligencia emocional no es solo autoconciencia, sino también la capacidad de construir relaciones sólidas.
En el fondo, el networking es una forma de arevut, de responsabilidad mutua. Es reconocer que ninguno de nosotros puede atravesar el camino en soledad.
Como decía Jorge Bucay: “Nadie puede cargar tu mochila por ti, pero muchos pueden acompañarte en el camino”.
?De Homero a la comunidad judía
Y si alguno todavía duda de este poder, recordemos a Homero Simpson y los Magios. En ese capítulo genial, Homero descubre que, de repente, todos lo respetan, lo ayudan, lo aplauden. ¿Por qué? Porque estaba conectado a una red secreta de poder e influencia.
En la vida real no necesitamos una sociedad secreta, pero sí entender que nuestras redes son el verdadero motor del progreso.
El networking no es trampa. Es la red invisible que nos sostiene, la que nos ayuda a acceder a oportunidades que, de otro modo, quedarían vedadas. Es el arte de dar y recibir, de acompañar y ser acompañado.
Así como el pueblo judío se sostuvo durante siglos en la diáspora gracias a sus vínculos comunitarios, así también el emprendedor se sostiene hoy en la red que teje con cada encuentro, cada contacto y cada gesto de reciprocidad.
La gran lección
En un mundo donde muchos creen que todo se compra con diplomas o exámenes, Israel me enseñó una lección distinta: el capital más valioso son los vínculos.
Si sabés cultivarlos con sinceridad, gratitud y propósito, no hay puerta que no pueda transformarse en ventana.
Y ese es el mensaje que quiero que mi hija recuerde: que el éxito no está en hacer trampa, sino en saber tejer relaciones auténticas. Porque al final del día, los títulos, los exámenes y hasta las pizzas se terminan… pero los lazos que construimos son los que nos acompañan toda la vida.
En Israel no hay caminos solos, hay senderos que se entrelazan.
? ¿Cómo empezar hoy a hacer networking?
? Si sos emprendedor, hacé tu parte:
- Unite a un grupo de networking local.
- Pedí un café con alguien nuevo esta semana.
- Ofrecé tu ayuda antes de pedir algo a cambio.
- Sumate a eventos de emprendedores y olim: nunca sabés cuál será el contacto que te abrirá la próxima ventana.
✍️ MBA Federico Pipman
CEO de Mamá Mía 360 | Asesor de negocios y coach motivacional

