
Este Rosh Hashaná fue, sin dudas, uno de los más especiales de mi vida. No sólo por la gastronomía —que fue gloriosa, con los pletzalaj de Jani recién horneados, el mejor pastrón, pepinos crujientes y hasta un guefilte fish digno de los recuerdos más dulces de mis abuelos—, sino porque en la mesa se dio un debate que me marcó profundamente.
En medio de la alegría, el canto y los brindis, surgió la pregunta:
¿Cuándo realmente empieza la comida festiva?
Después del kidush, claro, pero antes del banquete central existe una costumbre que trasciende lo material: los simanim, alimentos que representan buenos augurios para el año que comienza. Zanahorias para abundancia, dátiles para que desaparezcan los enemigos, manzana con miel para un año dulce… y entre todos, uno resuena con fuerza: la cabeza de pescado.
Al tomarla, decimos: “Que seamos cabeza y no cola.”
Y ahí explotó la reflexión.
¿Qué significa ser cabeza y no cola?
Ser cabeza no es cuestión de orgullo, ni de superioridad. Es una invitación a liderar con visión y propósito, en lugar de dejarse arrastrar por inercias. La cabeza piensa, sueña, decide y da dirección. La cola sólo sigue, sin rumbo propio.
Ser cabeza significa:
- Ser protagonista de tu historia, no espectador pasivo.
- Emprender aunque dé miedo, en vez de esperar que otros decidan por vos.
- Innovar y marcar tendencia, en vez de repetir fórmulas viejas.
- Dar sentido y guía a tu familia, tu equipo, tu comunidad.
La cola puede estar cómoda, escondida, protegida, pero siempre va detrás. La cabeza arriesga, recibe el viento de frente, pero también abre camino.
Los simanim de mi casa
En nuestra mesa de Rosh Hashaná, además de los clásicos, tenemos una tradición muy especial: nuestros propios simanim.
Cada año, los chicos esperan ese momento porque saben que hay un mensaje detrás de cada bocado:
? Banana → “יבנה המקדש – que se reconstruya el Beit HaMikdash.”
? Pizza → “שיתפוצצו מקטרגינו – que exploten nuestros acusadores y enemigos.”
?טרופי (juguito) → “שיתרפאו כל חולינו – que se curen todas nuestras enfermedades.”
? Coca Cola → “קולה – שתמיד יאמרו לנו קולה כבוד – que siempre se hable de nosotros con voz de respeto y honor.”
? Carne → “בשר – שנתבשר בבשורות טובות – que recibamos siempre buenas noticias.”
?Helado → שנתקרר מכעסים ונשאר מתוקים – que se enfríen nuestras enojos y quedemos dulces.
? Chocolate → “שנה מתוקה כמו שוקולד – un año tan dulce como el chocolate.”
? Soga → שנהיה תמיד מאוחדים – que estemos siempre unidos.
Es un instante mágico, donde lo profundo y lo lúdico se mezclan, donde la tradición dialoga con la creatividad familiar.
Una enseñanza que cruza la mesa y la vida
Mientras miraba esa cabeza de pescado, entendí que la metáfora no es solo para el año nuevo judío. Es para la vida entera, y especialmente para quienes elegimos el camino del emprendimiento.
Cada vez que elegimos pensar en grande, organizarnos, estudiar, capacitarnos, invertir, estamos eligiendo ser cabeza.
Cada vez que dejamos que el miedo, la costumbre o el “qué dirán” decidan por nosotros, nos volvemos cola.
Ser cabeza, en el mundo emprendedor, significa atreverse a innovar cuando todos repiten, marcar el rumbo cuando otros sólo siguen, ser pionero aunque duela y aunque cueste.
Porque quien es cabeza asume la responsabilidad de abrir camino, y ese camino es el que inspira a otros.
Rosh Hashaná nos recuerda que no vinimos a este mundo a arrastrarnos, sino a elevarnos. No vinimos a repetir, sino a crear. No vinimos a escondernos, sino a liderar.
El desafío del nuevo año
En mi mesa de Rosh Hashaná, más allá de los sabores que jamás olvidaré, me quedó grabado este desafío:
ser cabeza significa tomar responsabilidad.
La verdadera libertad llega cuando uno se organiza, se disciplina y se atreve a conducir.
Así como la cabeza guía al cuerpo, que nuestras ideas, valores y convicciones guíen cada paso del año que comienza.
Que no seamos arrastrados por la inercia ni las modas pasajeras. Que seamos líderes en lo pequeño y en lo grande, en casa y en la empresa, en comunidad y en soledad.
Y que cada decisión, cada acción, cada palabra, nos recuerde que vinimos a ser cabeza y no cola.
Un deseo para todos nosotros
Que este año, como individuos y como pueblo, tengamos la valentía de pensar con cabeza y caminar con corazón.
Que no seamos seguidores de la moda, sino creadores de futuro.
Que no seamos arrastrados por la corriente, sino arquitectos de nuestra historia.
Y que cada uno, desde su mesa y desde su lugar, pueda liderar con fe, con alegría y con propósito.
✍️ MBA Federico Pipman
CEO de Mamá Mía 360 | Asesor de negocios y coach motivacional

