Identidad: el activo más poderoso de un emprendedor
En la yeshivá Mayanot de Jabad conocí a un chico uruguayo que solía decir: “En Uruguay me dicen judío, en Estados Unidos latino, y en Israel argentino”. Esa frase, sencilla y casi humorística, encierra una verdad profunda: la identidad no es algo fijo ni uniforme, sino una trama compleja que nos acompaña y se transforma según el contexto.
Cuando iba al secundario en el Nacional 17, frente al colegio se hacía durante meses la Feria de las Naciones en el shopping Caballito. Cada cultura presentaba su comida típica, y yo iba todos los días con mis amigos: Martín Lapadjian, armenio, y Eduardo Videla, español. Probábamos absolutamente todo… pero el veredicto siempre era el mismo: “Ganó la cultura judía”. Era una broma, sí, pero también un reconocimiento implícito a algo más grande: el orgullo de pertenecer a un pueblo que, incluso en la diversidad, mantiene una identidad única.
En esa época, como en todos los secundarios, había tribus urbanas: los “rolingas”, los “cabezas” (cumbieros), los punk-dark, los chetos… y yo, el de las inscripciones en hebreo. Cada uno buscaba pertenecer a algo, diferenciarse del resto. Yo lo hacía mostrando de dónde venía. Porque entendí algo clave: si no sabés de dónde venís, tampoco vas a saber a dónde ir.
En aquellos años no existían las redes sociales como hoy. Lo más moderno era ICQ o MSN. Sin embargo, ya entendíamos que “mostrar quiénes somos” es una necesidad humana y estratégica. La diferencia es que lo hacíamos con lo que teníamos a mano: yo coleccionaba ropa con inscripciones en hebreo o símbolos judíos de distintas comunidades. Era mi manera de decir: “Yo pertenezco”.
Con el tiempo, esa identidad se fue volviendo más visible y auténtica. Dejé la ropa de moda y adopté mi kipá y mis tzitzit: no como un disfraz, sino como una declaración de principios. Un recordatorio diario de que mi vida y mis decisiones están vinculadas a una historia milenaria.
La identidad no es un accesorio, ni un detalle folclórico. Es el motor invisible que define cómo nos mostramos y cómo nos perciben. En el mundo emprendedor esto es aún más claro. Un negocio sin identidad es como una feria sin bandera. Puede tener buenos productos, pero no genera recordación ni pertenencia. Una marca con identidad transmite confianza, consistencia y autenticidad. Los clientes no compran solo lo que vendés, sino lo que representás. La identidad da coherencia: hace que tu logo, tu mensaje en redes, tu forma de atender y hasta tu packaging cuenten una misma historia. En Israel, en Latinoamérica o en cualquier lugar del mundo, la competencia real no es por quién tiene el mejor precio, sino por quién logra construir sentido y pertenencia alrededor de su propuesta.
Así como en mi juventud usaba una remera en hebreo para gritarle al mundo “Yo pertenezco”, hoy un emprendedor necesita su propia “remera” simbólica: un branding auténtico, que exprese su historia y lo diferencie. La kipá o los tzitzit no fueron para mí simples ornamentos, sino un mensaje claro de pertenencia y coherencia. Lo mismo debe pasar con un negocio: no alcanza con abrir una cuenta de Instagram o repartir tarjetas. La pregunta es: ¿Qué identidad estás mostrando? ¿Qué valores están detrás de tu producto? ¿Qué historia cuenta tu marca incluso antes de que abras la boca?
La identidad es el único activo que no se puede copiar ni falsificar. Podrán imitar tu producto, mejorar tu servicio o bajar tu precio, pero nadie puede robarte tu historia ni tu esencia. Porque al final, igual que en aquella Feria de las Naciones, podés probar de todo, competir con todos y reinventarte mil veces. Pero lo que siempre gana, lo que deja huella, es la identidad.
“La identidad no se improvisa, se construye.”
“Un negocio sin identidad es solo un producto más.”
“La identidad es el único activo que no se puede copiar.”
En el mundo de los negocios, como en la vida misma, no sobrevive el más fuerte, sino el que sabe quién es. Te invito a mirar tu emprendimiento con honestidad y preguntarte:
? ¿Qué identidad estoy mostrando al mundo?
? ¿Qué símbolo, historia o valor hace que mi marca sea única?
Compartilo en los comentarios. Quizás tu respuesta sea la chispa que inspire a otros emprendedores a descubrir quiénes son en verdad.
MBA Federico Pipman Asesor de negocios y Coach motivacional

