
La constancia importa más que la perfección
Vivimos en una época que idolatra la perfección. Nos enseñan que antes de lanzar un producto, de hablar en público, de comenzar un emprendimiento o incluso de tomar una decisión, todo debe estar perfectamente planificado, validado y revisado. Pero esta imagen que circula en redes sociales nos recuerda una gran verdad: no se trata de hacerlo perfecto, sino de hacerlo de manera constante.
La imagen es clara y poderosa:
A la izquierda, una persona construyó una escalera con peldaños de distintos tamaños, colores y formas. No son perfectos, pero son suficientes. Subiendo uno a uno, llegó a tocar la estrella.
A la derecha, otra persona tiene dos peldaños perfectamente construidos, simétricos, idénticos… pero no tiene más. Se queda en el suelo, esperando el momento ideal para avanzar, soñando con el tercer peldaño perfecto que nunca llega.
¿Cuántas veces en nuestra vida nos pasa lo mismo?
Queremos lanzar un proyecto, pero esperamos “el mejor momento”.
Queremos emprender, pero aún no tenemos “el logo ideal” o “la web perfecta”.
Queremos mejorar un hábito, pero esperamos “sentirnos listos”.
La constancia tiene algo que la perfección no puede ofrecer: progreso real.
Cada paso, por pequeño o imperfecto que sea, nos acerca a la meta.
Cada intento suma. Cada error enseña. Cada día cuenta.
Para los emprendedores:
Empezá con lo que tenés. No hace falta que sea perfecto, hace falta que sea real.
Prototipo =perfección.
Acción imperfecta = inacción perfecta.
Para los líderes:
Inspirá con ejemplo: la perseverancia es contagiosa.
Fomentá en tu equipo la cultura del avance continuo, no del miedo al error.
Para todos:
Es preferible subir una escalera irregular, pero que suba, que quedarse esperando la escalera perfecta que nunca llega.
Porque al final, no gana quien lo hizo mejor, sino quien nunca dejó de hacerlo.
Hecho es mejor que perfecto.
Federico Pipman
Asesor de negocios, emprendedores y personas que construyen aunque no todo esté perfecto.

