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Elegir Bien: El Camino del Emprendedor y del Olé a la Luz de las fuentes

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Elegir Bien: El Camino del Emprendedor y del Olé a la Luz de las fuentes

«Matai elmad livjor nachon – ¿Cuándo aprenderé a elegir bien?»
Así canta Amir Dadon en una de las canciones más honestas y conmovedoras de la música israelí contemporánea. Una pregunta profunda que resuena con cada persona que se ha enfrentado a decisiones difíciles, especialmente cuando estas decisiones implican empezar de nuevo, lanzarse a lo desconocido o apostar por un sueño. Esta frase puede leerse como un eco interior del emprendedor que decide salir de su zona de confort, o del olé jadash que deja todo atrás para comenzar una nueva vida en Israel.

El acto de elegir: más que una decisión técnica

El emprendimiento, como la aliá, no es solo una acción estratégica: es un acto existencial. Es decirle “sí” a una visión, a pesar del miedo. En el Tanaj, esta dinámica se presenta desde el inicio, cuando Abraham escucha una voz misteriosa que le dice:
«Lej lejá – Vete de tu tierra, de tu patria y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré» (Bereshit/Génesis 12:1).
¿Acaso no es este el mismo llamado que escucha quien decide emprender o hacer aliá?
Dejar atrás lo conocido, lo cómodo, lo seguro. Apostar por una tierra, una idea, una promesa… aunque no se vea claramente el destino.

Como dice la canción:

“הולך מבלי להבין לאן – Camino sin entender hacia dónde”
“האם אדע לחזור – ¿Sabré cómo volver?”

El niño que nos mira: la responsabilidad del crecimiento

Dadon canta:

“יש ילד שמסתכל עליי – Hay un niño que me está mirando”
“קוראים לזה לגדול – A eso se le llama crecer”

Todo emprendedor, todo olé, lleva consigo una parte vulnerable, un niño interno que observa, que teme, pero también que sueña. A veces también hay un hijo real que nos observa: nuestros pasos como adultos modelan el valor, la resiliencia y la fe que transmitimos.

En el Tanaj, Moshé Rabeinu también tuvo que tomar decisiones duras. Nacido como príncipe en Egipto, elige identificarse con su pueblo esclavizado. Ese momento de elección no fue lógico desde una perspectiva de poder o comodidad, pero fue éticamente correcto. Eligió bien, aunque le costara caro. Ese acto fue el comienzo de su liderazgo.

El arte de vivir se llama elegir

La canción dice:

“אומרים יש מי ששומר עליי – Dicen que hay alguien que me cuida”
“עוד לא מצאתי תשובה אבל קוראים לזה לחיות – Aún no encontré la respuesta, pero a eso se le llama vivir”

No todo tiene que estar claro. El emprendedor no tiene todas las respuestas. El olé no sabe exactamente cómo será su integración. Pero lo que los sostiene es la capacidad de confiar, de avanzar sin garantías. En el Tanaj, los grandes personajes vivieron en esta tensión constante entre duda y fe, entre caída y crecimiento.

Aquí entra la sabiduría del rey Shlomó en Kohelet, quien escribió:

«בַּבֹּקֶר זְרַע אֶת זַרְעֶךָ וְלָעֶרֶב אַל תַּנַּח יָדֶךָ, כִּי אֵינְךָ יוֹדֵעַ אֵי־זֶה יִכְשָׁר, הֲזֶה אוֹ־זֶה»
“Por la mañana siembra tu semilla y por la tarde no dejes descansar tu mano, porque no sabes qué esfuerzo prosperará, si este o aquel” (Kohelet 11:6).

Este versículo es una invitación a actuar sin garantías, a sembrar sin saber qué germinará. Justamente como el que emprende. Justamente como el que hace aliá.

Conclusión: Elegir bien no es elegir lo fácil

«Matai elmad livjor nachon – ¿Cuándo aprenderé a elegir bien?»
No es una pregunta que busca una receta. Es una invitación a vivir despiertos. A cada paso. A escuchar la voz interior y tomar decisiones que reflejen nuestros valores, no solo nuestras circunstancias.

Para el emprendedor, elegir bien es priorizar el propósito sobre la ganancia inmediata.
Para el olé, elegir bien es recordar por qué llegó, incluso cuando se enfrenta a obstáculos.
Para todos, elegir bien es atreverse a vivir con intención, con conexión, con coraje.

MBA Federico Pipman

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