En la era moderna, donde cada palabra puede llegar en segundos a millones de personas, no es menor detenernos a reflexionar sobre el verdadero poder de la comunicación. La Torá —eterna guía espiritual y humana— nos recuerda que la palabra no es simplemente una herramienta social, sino un vehículo sagrado de creación, liderazgo y conexión. Desde el “Iehí or” de la creación hasta los discursos proféticos de Moshe Rabenu, la palabra ha moldeado el alma del pueblo judío.
Moshe Rabenu: El Orador que Superó su Propio Silencio
Curiosamente, el mayor líder y comunicador de nuestro pueblo comenzó su misión declarándose “kevad pe u’kbad lashon” —»torpe de habla y de lengua» (Shemot 4:10). Sin embargo, fue precisamente su humildad, su lucha interna y su fidelidad absoluta a la palabra divina lo que lo convirtió en el portavoz perfecto de la verdad. Moshe no hablaba para sí, sino para transmitir el mensaje divino, con pureza y sin adornos. Su voz era un canal, no un espectáculo.
Rabí Schneur Zalman de Liadí, en el Tania (Igueret HaKodesh), explica que la palabra tiene el poder de revelar lo oculto, de llevar la luz del alma a la superficie del mundo físico. Moshe representa este ideal: comunicar no para manipular, sino para iluminar.
Koraj: El Poder de la Palabra Mal Usada
En contraste, Koraj también usó la palabra, pero con otra intención: desestabilizar, sembrar duda, disfrazar orgullo de justicia. Su retórica era afilada y seductora —“ki kol ha’edá kulam kedoshim” (Bamidbar 16:3), “pues toda la congregación es santa”— pero detrás de su discurso no había verdad, sino ego.
La diferencia entre Moshe y Koraj no fue en el uso del lenguaje, sino en la intención detrás de las palabras. El lenguaje puede ser herramienta de construcción o de destrucción. La elección está en el alma de quien habla.
David Hamelej y el Arte de Comunicar el Alma
Si Moshe es el maestro que transmite la Torá, David Hamelej es el poeta que canta el alma de Israel. En los Tehilim, encontramos el poder emocional y espiritual de la comunicación en su máxima expresión. David no habla a su pueblo, habla con Di-s —y lo hace en nombre de todos nosotros. Su honestidad, sus lágrimas, su gratitud y su fe se convierten en palabras eternas.
Rab Kuk enseñaba que “el alma del pueblo de Israel se expresa en su poesía, en sus oraciones, en su anhelo por la redención”. Para él, el lenguaje no era un mero canal, sino una forma de revelación espiritual. En sus escritos, especialmente en Orot HaKodesh, destaca cómo la palabra puede conectar al individuo con el todo, al alma individual con la nación y el universo.
El Kuzarí: Comunicación como Identidad Espiritual
En el Kuzarí, Rabí Iehudá Haleví plantea que el pueblo de Israel fue elegido no solo por su comportamiento, sino por su capacidad de ser un canal vivo de comunicación entre Di-s y el mundo. La “comunicación profética” —esa capacidad de recibir y transmitir mensajes divinos— no es una habilidad técnica, sino una cualidad espiritual.
Hablar, enseñar, compartir la verdad es parte esencial de nuestro rol como pueblo. No basta con vivir en santidad; debemos también saber comunicarla.
Rab Shlomo Carlebach: El Nigún como Palabra del Alma
En tiempos más recientes, Rab Shlomo Carlebach revolucionó la manera en que el pueblo judío se conectaba con la Torá y entre sí a través de la música, el cuento y el corazón. Su voz no era la de un orador tradicional, pero hablaba directo al alma. Con canciones basadas en versículos bíblicos, melodías inspiradas en la profundidad jasídica y relatos que tocaban fibras íntimas, Carlebach convirtió cada concierto en una tefilá, y cada historia en una chispa de teshuvá. Como él solía decir: “La gente está esperando no por sabiduría, sino por un abrazo del alma.” Su estilo narrativo —a menudo improvisado y profundamente empático— nos enseñó que la comunicación auténtica no siempre requiere estructura, sino corazón. Carlebach no solo cantaba palabras sagradas: les devolvía vida.
Conclusión: Nuestra Voz en el Mundo
La comunicación no es un lujo moderno ni una herramienta neutra. Es un acto espiritual con poder creador o destructor. El desafío que enfrentamos hoy —en redes, en relaciones, en discursos públicos— es elegir usar nuestra voz como lo hizo Moshe: con intención pura, con humildad, con propósito divino.
Que nuestras palabras construyan, eleven, unan. Que sepamos usar el lenguaje como David en sus Tehilim, como Moshe en sus discursos, y no como Koraj en su rebelión. Porque como enseña el Tania, “la palabra es la vestimenta del alma”.
MBA Federico Elian Pipman*
Asesor de negocios y emprendedores
Israel – Comprometido con el alma y la voz del pueblo judío
?️ Dedicado leilui nishmat Carlos Jorge Gurevich ben Najum — un alma excepcional que dedicó gran parte de su vida al poder de la comunicación. Que su memoria sea un símbolo eterno de conexión y luz.

