
Descubrí el poder de los 6 sombreros de De Bono: de madrij a consultor
Por Federico Pipman
Conocí la técnica de los 6 sombreros para pensar, de Edward de Bono, hace ya varios años, cuando era madrij. En aquel entonces, buscaba herramientas que me permitieran facilitar debates más ricos, creativos y participativos con los janijim. Desde el primer momento, me sorprendió lo poderosa que puede ser una dinámica tan simple y estructurada.
Para quienes no la conocen, los 6 sombreros representan diferentes formas de pensar. Cada uno propone un enfoque específico:
Sombrero blanco: datos y hechos.
Sombrero rojo: emociones e intuiciones.
Sombrero negro: crítica y riesgos.
Sombrero amarillo: beneficios y optimismo.
Sombrero verde: creatividad y alternativas.
Sombrero azul: organización del pensamiento.
Lo que más me gustó fue cómo esta herramienta permitía que todos se expresaran, incluso aquellos que habitualmente no hablaban. Cada sombrero daba un marco claro y seguro para compartir una mirada. No se trataba de tener razón, sino de explorar un problema desde distintos ángulos.
Con el tiempo, empecé a aplicar esta técnica en otros espacios: reuniones de equipo, talleres y, eventualmente, con clientes en procesos de innovación, estrategia o resolución de conflictos.
Hoy, como consultor, sigo usando los 6 sombreros y cada vez me convenzo más de su utilidad.
Es increíble cómo un equipo puede destrabarse cuando deja de discutir desde el ego y empieza a pensar desde roles momentáneos y definidos. El sombrero negro, por ejemplo, que muchos rechazan por “negativo”, es esencial para detectar riesgos reales. Y el verde, siempre, invita a imaginar lo que parecía imposible.
Aplicar esta herramienta en distintos contextos me ayudó a ordenar conversaciones caóticas, profundizar decisiones, y sobre todo, a fomentar un pensamiento más colaborativo y menos reactivo.
En mi experiencia, los sombreros no solo sirven para tomar mejores decisiones, sino también para cambiar la cultura de cómo pensamos en grupo. Nos enseñan a escuchar, a alternar perspectivas, y a valorar cada forma de pensar como parte de una inteligencia colectiva más rica.
En contextos empresariales, me encontré con equipos que no podían salir de la parálisis por análisis, o que se atascaban en dinámicas de poder. Con los 6 sombreros, las discusiones se vuelven mucho más productivas. Se crea un espacio donde cada voz tiene su momento, y eso genera mayor compromiso y claridad en la acción.
Si nunca probaste esta técnica, te invito a hacerlo. Puede parecer sencilla, pero bien facilitada, transforma la manera en que las personas piensan y se relacionan. A mí, sin dudas, me sigue transformando.

