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ז׳ בשבט ה׳תשפ״ו (25/01/2026)
בס"ד

Cuando entendés los impuestos… y la vida adulta te da la bienvenida

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Cuando entendés los impuestos… y la vida adulta te da la bienvenida

El otro día un amigo me contó una escena que fue tan simple y tan brillante que merece quedar registrada.

Su hijo, con esa inocencia hermosa que tienen los chicos antes de que el mundo les explique cómo funciona, le preguntó:

“¿Qué son los impuestos?”

Y claro… ¿cómo explicarle algo tan complejo, tan inevitable, y tan presente en cada paso que damos, sin meterlo en un curso de contabilidad impositiva?

Fácil.
Pedagógico.
Directo al corazón.

Le sacó el 30% de sus galletitas.

El nene primero miró confundido. Después observó el plato… luego la mano de su papá… y finalmente, como cualquier adulto promedio el 10 del mes, se largó a llorar.

En ese instante él lo supo:

El chico acababa de graduarse en la materia más difícil de la vida:
Impuestos 101.

No necesitó cuadros, ni Excel, ni leyes.
Solo vivió en carne propia lo que millones viven todos los días:

? Que el esfuerzo propio viene con un descuento automático.
? Que siempre hay una mano que “ayuda a administrar” lo tuyo.
? Y que ser adulto implica aceptar que parte de tus galletitas ya no son tuyas.

Y ahí entendió algo más profundo:
Los chicos no lloran por las galletas.
Lloran porque descubren que sospechosamente, crecer tiene letra chica.

Pero no todo es tragedia.
Porque en el fondo, comprender esto temprano es un superpoder:
Te prepara para trabajar, emprender, manejar tu plata y —sobre todo— aprender a jugar el juego de forma inteligente.

Así que sí:
El chico lloró.
Y cualquiera lloraría.

Pero tranquilos… ya está listo para ser adulto.

O al menos, para su primera declaración jurada emocional.

Y ahora, un capítulo que en Israel pesa aún más

Porque si algo hay que decir, sin borrar nada de lo anterior, es esto:

La vida tributaria en Israel es otra liga.
Muy diferente a la de nuestros países latinos.

Acá no hay atajos, no hay magia, no hay “después lo arreglo”, no existe la idea de “vemos cómo lo manejamos”.
Y tampoco es tan fácil evadir, esconder o jugar con el sistema.

En Israel la transparencia no es un eslogan:
Es una forma de vida.
Y el sistema impositivo está diseñado para que todos pasemos por el aro… quieras o no.

Por eso, entender impuestos desde chico —aunque sea perdiendo un par de galletitas— no solo es educativo:
es una preparación real para vivir, trabajar y emprender en un país donde la responsabilidad fiscal no es opcional.

Acá la adultez llega rápido.
Y la AFIP versión israelí… todavía más.

✍️ MBA Federico Pipman CEO de Mamá Mía 360 | Asesor de negocios y coach motivacional

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