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 “Quién construyó esta tierra”: La canción infantil que explica toda la Aliá

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 “Quién construyó esta tierra”: La canción infantil que explica toda la Aliá
Por Federico Pipman judio y sionista

Hay canciones que escuchamos mil veces sin pensar demasiado. Canciones del gan, el shule, canciones de actos, canciones que parecen simples.
Y de repente, un día, ya de adultos, ya con hijos, ya en otro país… entendemos que no eran canciones: eran profecías.

“Mi Tierra de Israel es hermosa y también florece.
¿Quién la construyó y quién la plantó?
¡Todos juntos!”

De chicos la cantábamos sin preguntar.
De grandes la vivimos sin darnos cuenta.

Porque la Aliá es exactamente eso:
todos juntos construyendo pedacito a pedacito algo que existía antes que nosotros… pero que sin nosotros no sería igual.

La canción sigue y cada estrofa suma algo nuevo:

Una casa.
Un árbol.
Un camino.
Un puente.
Una canción.

Y entonces entendés:
lo que está describiendo no es un jardín de infantes.
Es la historia del pueblo judío.
Es la historia de cada olé.
Es la historia de tu vida desde el día que llegaste con esa valija llena de dudas y sueños.

Porque cada olé construye una casa —un hogar— aunque sea prestado, aunque sea chico, aunque esté entre cajas.
Cada olé planta un árbol —su futuro— incluso cuando el idioma todavía raspa y la realidad pega fuerte.
Cada olé pavimenta un camino —su camino— a veces torcido, a veces empinado, pero propio.
Cada olé tiende un puente —entre pasado y presente, entre Argentina y Israel, entre lo que dejamos y lo que estamos creando.
Y sí, cada olé escribe una canción —su canción— aunque no se dé cuenta.

Una canción hecha de coraje, lágrimas, dudas, milagros y decisiones de las que nunca hablamos en voz alta.

La canción infantil dice:
“¿Quién construyó y quién plantó? ¡Todos juntos!”
Y ese es el secreto que nadie te cuenta sobre Israel:
lo que funciona en este país funciona porque alguien como vos decidió aportar algo, construir algo, sumar algo.

Israel no la levantaron “otros”.
Israel no la sostienen “ellos”.
Israel se hace, todos los días, con nosotros, los que vinimos cuando era difícil, cuando era caro, cuando había guerra, cuando había miedo, cuando había incertidumbre.

La canción termina diciendo:
“Tenemos una tierra,
tenemos una casa,
tenemos un árbol,
tenemos un camino,
tenemos un puente,
y tenemos una canción sobre la Tierra de Israel.”

Y ahí está el mensaje final:
no alcanza con construir.
Hay que cantarlo,
contarlo,
transmitirlo.

Los pueblos que cantan lo que son, perduran.
Los que olvidan su canción, desaparecen.

Por eso esta canción infantil es, en realidad, un manifiesto nacional:

Construí tu casa.
Plantá tu árbol.
Pavimentá tu camino.
Tendé tu puente.
Escribí tu canción.
Y hacelo acá.
En tu tierra.
Con tu gente.
Con todos juntos.

El punto que nadie canta en la canción

Hay algo que la canción no dice.
Algo que no aparece en ninguna estrofa.
Algo que los niños no cantan… pero los adultos sí sentimos.

La canción habla de construir casas, caminos, puentes y canciones.
Pero no habla del precio silencioso que pagamos para construir todo eso.

No habla de los abuelos que quedaron lejos.
De los padres que se acuestan cada noche mirando el celular, esperando una foto.
De los nietos que crecen sin un abrazo que debería estar a cinco minutos, no a doce horas de vuelo.
De la mesa familiar que se agranda acá… mientras se achica allá.

Esa parte no está en la canción.
Pero es parte de la verdad.

Y es justamente ese precio el que hace a la Aliá tan épica.
Porque construir con todo a favor es fácil.
Construir con nostalgia, con duelo migratorio, con miedo, con dudas, con la sensación de “¿hice bien?” rondando la cabeza…
Ahí está la épica.
Ahí está la grandeza.

Cada olé no solo construye casas, caminos y puentes.
También construye ausencia, construye distancia, construye valentía.
Y aun así, sigue adelante.

Eso es algo que no aparece en la letra…
pero aparece en la vida.

Y por eso, cuando los chicos cantan:
“Mi Tierra de Israel es hermosa y también florece. ¿Quién la construyó y quién la plantó? ¡Todos juntos!”,
vos entendés que también están cantando sobre vos,
sobre tu papá,
sobre tu mamá,
sobre tus abuelos allá,
sobre tus hijos acá,
sobre esa cuerda invisible que une continentes y generaciones.

La canción termina diciendo:
“Tenemos una canción sobre la Tierra de Israel.”
Tal vez esta sea esa canción:
la que no solo celebra lo que construimos,
sino también lo que dejamos para poder construirlo.

Federico Pipman judio y sionista

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