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בס"ד

Cuando llegó la hora de irse: La decisión más difícil de un emprendedor (inspirado en en la parasha Vaietze)

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Cuando llegó la hora de irse: La decisión más difícil de un emprendedor (inspirado en en la parasha Vaietze)

Hay un momento en la vida de todo emprendedor —y de todo empleado— en el que no se trata de esforzarse más, ni de ser más fuerte, ni de tolerar un poco más.
Se trata de tener el coraje de decir: “Acá no crezco más.”

Eso le pasó a Yaakov con Laván.

Años de trabajo.
Años de resultados.
Años de bendición que venía del cielo… y un entorno que lo drenaba desde la tierra.

Límites cambiados.
Reglas injustas.
Ambientes tóxicos.
Promesas que no se cumplen.
Energía que se va, motivación que se desgasta.

Hasta que un día Yaakov vio lo que todos vemos antes o después:
el entorno no iba a cambiar.
El que tenía que cambiar era él.

Y tomó la decisión que separa a los que sobreviven de los que construyen futuro:
irse.

No renunció por debilidad.
No escapó.
No abandonó.
Yaakov se fue porque entendió que quedarse por inercia es la forma más elegante de fracasar.

Y esto es exactamente lo que muchos emprendedores en Israel necesitan escuchar:

Hay clientes que no son clientes: son agujeros negros.
Hay proyectos que no son proyectos: son prisiones.
Hay trabajos que no son trabajos: son un “Laván” moderno con sonrisas, contratos raros y promesas que huelen a humo.

Y uno puede estar bendecido, capacitado, motivado, con talento…
pero si el entorno drena más de lo que devuelve, el éxito no llega.
No porque falte esfuerzo, sino porque falta libertad.

La bendición de Yaakov aparece recién cuando se va.
Cuando suelta.
Cuando corta.
Cuando deja de pedir permiso para crecer.

Ese es el punto:
no todo crecimiento ocurre donde empezaste; muchos crecimientos ocurren cuando te vas.

Para los emprendedores —y especialmente para los olim— esto no es teoría.
Es vida real.
Es elegir si seguís atado a un Laván que te absorbe…
o si levantás la cabeza, agarrás a tu familia, tus ideas, tu visión…
y salís a construir la vida que viniste a buscar a Israel.

Porque quedarse por miedo es caro.
Pero irse por valentía es sagrado.

Y como dice la Torá:
“Vayelej Yaakov — Y Yaakov se fue.”
Y recién ahí empezó su verdadero futuro.

La bendición noqueada

Hay un detalle que casi nadie ve:
La bendición de Yaakov estaba lista hacía años… pero no podía manifestarse mientras él seguía en la casa equivocada.

A veces la bendición no está demorándose.
A veces está esperando a que el emprendedor salga del lugar que la bloquea.

Y acá está el golpe final:

No es que Yaakov fue bendecido porque se fue.

Yaakov pudo sentir la bendición porque finalmente se animó a irse.

Muchos emprendedores sienten que “no les llega” la oportunidad, el socio, el cliente grande, la claridad, el salto económico.
Pero la realidad es otra:

No es que no llega.
Es que no tiene dónde aterrizar.

No puede bajar a un entorno tóxico.
No puede crecer en una estructura que te achica.
No puede revelarse en una vida donde el alma te grita que ese lugar ya no te pertenece.

La bendición te sigue, pero no entra a cualquier casa.

Cuando un emprendedor corta con su “Laván”, no solo se libera él.
Libera el canal por donde su bendición estaba esperando hace años.

Porque hay decisiones que no cambian tu día.
Cambian tu destino.

✍️ MBA Federico Pipman
CEO de Mamá Mía 360 | Asesor de negocios y coach motivacional

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