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El príncipe que se creía un pavo: La historia que todo emprendedor debería leer

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El príncipe que se creía un pavo: La historia que todo emprendedor debería leer

Hay cuentos que parecen inocentes, simples, casi infantiles. Hasta que un día te detuviste a mirarlos con ojos de adulto, de emprendedor, de alguien que carga sueños, heridas, ambiciones y miedos. Y entonces descubrís que no eran cuentos: eran mapas.
Mapas secretos para navegar la vida, los negocios y, sobre todo, los momentos en los que sentís que “algo está roto adentro”.

La historia del príncipe que se creía un pavo es exactamente eso: un espejo.
Un recordatorio brutal de que no hay transformación posible sin empatía, sin alguien que se siente a tu lado, bajo tu mesa, y desde ahí te muestre que podés volver a levantarte.

Porque todos, absolutamente todos los emprendedores, alguna vez fuimos ese príncipe.
Cuando emprender te deja desnudo bajo la mesa

Emprender te deja vulnerable.
Te deja sin certezas, sin garantías, sin manual.
Hay días en los que te encontrás vos mismo diciendo:

  • “No soy suficiente.”
  • “No sé si puedo.”
  • “No estoy a la altura.”
  • “Soy un pavo en un mundo de reyes.”

Y sí, ahí estás: sentado metafóricamente bajo la mesa, tratando de sobrevivir a base de migas.
Pero acá viene el primer mensaje poderoso:

👉 No estás loco. Estás en proceso.

El sabio que todos necesitamos

El giro épico del cuento no es la locura del príncipe.
Es la genialidad del sabio.

No vino a gritarle.
No vino a corregirlo.
No vino a convencerlo.
No vino a juzgarlo.

Vino a acompañarlo desde su mundo, no desde el mundo ideal.

Ese es el tipo de mentor, coach, socio, guía o amigo que cambia destinos.
El que baja al barro, se sienta con vos, habla tu idioma y te acompaña paso a paso hasta que puedas ver que:

👉 Podés ponerte la camisa.
👉 Podés ponerte los pantalones.
👉 Podés comer mejor.
👉 Podés sentarte a la mesa.

No de golpe.
No de un día para otro.
No con discursos motivacionales.
Sino con pequeños actos de dignidad recuperada.

Esa es la definición real de crecimiento emprendedor

La enseñanza que todo emprendedor debería tatuarse

La frase final del sabio es una obra maestra:

“Afuera del palacio hay muchas personas que no quieren a los pavos. No le digas a nadie que eres uno.”

Traducción emprendedora:

👉 Tus inseguridades son reales, pero no las conviertas en tu identidad.
👉 Lo que te pasó no determina quién sos.
👉 Lo que sentís hoy no define lo que vas a lograr mañana.

Porque al final…
El príncipe nunca dejó de ser “un pavo” por dentro.
Solo aprendió a vivir, crecer y reinar igual.
Y eso lo convirtió en un rey extraordinario.

Los emprendedores exitosos no son los que no tienen miedos.
Son los que aprenden a liderar con sus miedos.

El punto fuerte que faltaba:

El sabio no curó al príncipe… el príncipe se curó a sí mismo**

Este es el corazón de la historia y la parte que la vuelve realmente inolvidable.

El sabio fue guía, espejo, contención.
Pero no fue él quien transformó al príncipe.
El que dio cada paso —uno por uno— fue el príncipe.

El que aceptó la camisa.
El que aceptó los pantalones.
El que aceptó comer mejor.
El que aceptó volver a la mesa.
El que finalmente se permitió convertirse en rey.

El sabio no le impuso nada.
Solo le mostró que podía cambiar.

Y esa es la esencia del emprendedor:
Nadie te salva. Nadie te cambia la vida.
Te salvás vos cuando decidís que ya no querés vivir debajo de la mesa.

Los mentores pueden mostrarte el camino.
Vos sos el que tiene que caminarlo.

Moraleja para emprendedores

  1. Empezá donde estás, incluso si es debajo de la mesa.
  2. Buscá un sabio: alguien que pueda ver tu grandeza incluso cuando vos no la ves.
  3. Da pasos pequeños: una camisa hoy, un pantalón mañana.
  4. No permitas que tu “pavo interno” maneje tu vida.
  5. Recordá siempre que podés convertirte en rey, incluso si un día creíste que eras un pavo.

✍️ MBA Federico Pipman
CEO de Mamá Mía 360 | Asesor de negocios y coach motivacional

El príncipe que se creía un pavo: La historia que todo emprendedor debería leer

Había una vez unos reyes que tenían un hijo que era la luz de sus ojos. Nada se le ahorró al joven, los mejores maestros, las mejores vestimentas, para que algún día sea el rey.

Sucedió una vez que un príncipe se volvió loco y pensó que era un pavo. Sentía la necesidad de sentarse desnudo bajo la mesa, picoteando huesos y pedazos de pan, como un pavo. Poco a poco todos los médicos reales renunciaron a la esperanza de curarlo de su creencia. Entonces el rey se entristeció enormemente.
Un día llegó un sabio al palacio y dijo: -Yo me comprometo a curar al príncipe. El rey que estaba desesperado, le dio permiso.

El sabio se desnudó y se sentó desnudo bajo la mesa, junto al príncipe, recogiendo migas y huesos.

-¿Quién es usted? ¿Qué estás haciendo aquí?-preguntó el príncipe.

-¿Y tú?, Respondió el sabio.- ¿Qué estás haciendo aquí?
-Yo soy un pavo -dijo el príncipe-.

-Yo también soy un pavo -respondió el sabio-.
Se sentaron así durante algún tiempo, hasta que se convirtieron en buenos amigos.

Un día, el sabio indicó a los sirvientes del rey que le alcanzaran unas camisas. Entonces el sabio le dijo al príncipe:

-¿Qué te hace pensar que un pavo no puede usar una camisa? Puedes usar una camisa y seguir siendo un pavo.

Después de decir eso los dos se pusieron camisas.
Al cabo de un rato, el sabio volvió a pedir que le alcanzaran los pantalones.

Como la vez anterior preguntó:

-¿Qué te hace pensar que no puedes ser un pavo si usas pantalones?
El sabio continuó de esta manera hasta que ambos estaban completamente vestidos. Luego señaló la comida desde la mesa. Entonces el sabio preguntó al príncipe:

-¿Qué te hace pensar que dejarás de ser un pavo si comes una buena comida? ¡Puedes comer lo que quieras y todavía ser un pavo! Ambos comieron la comida.
Finalmente, el sabio dijo:

-¿Qué te hace pensar que un pavo debe sentarse bajo la mesa? Incluso un pavo puede sentarse a la mesa. Y así al final del día el sabio se puso de pie y le dijo al príncipe que se iba a ir pero que le iba a dejar unos consejos.

-Afuera del palacio hay muchas personas que no quieren a los pavos. Este es mi consejo, no le digas a nadie que eres uno.

Pasó el tiempo y el príncipe se convirtió en un rey maravilloso y nadie supo nunca que en realidad él era un pavo.

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