
Después de algunos acontecimientos difíciles en una comunidad que quiero profundamente, sentí que no hacía falta hablar más fuerte, sino hablar más hondo, más profundo
Charlando con mis hijos apareció una pregunta simple, casi inocente, pero enorme:
¿qué es lo que realmente vale?
No lo material. No lo que se muestra. No lo que se aparenta.
Y pensando con Jani, buscando una forma de decirlo sin imponerlo, encontramos algo inesperado: una película que les gusta mucho.
Una historia que todos creemos conocer.
Pinocho.
Y ahí entendimos algo que nunca lo habíamos visto así.
Pinocho no empieza queriendo ser bueno.
Empieza queriendo ser otro.
Empieza creyendo que, tal como es, no alcanza.
Cree que si cambia, si se convierte en “algo mejor”, si deja de ser lo que es, entonces recién ahí va a ser amado.
Entonces recién ahí va a valer.
¿No nos pasa eso a veces?
Creer que cuando tengamos más,
cuando seamos más,
cuando aparentemos más,
recién ahí vamos a estar bien.
Pinocho miente, no porque sea malo, sino porque tiene miedo.
Miedo de no ser suficiente.
Miedo de decepcionar.
Miedo de mostrarse frágil.
Y cada vez que se aleja de la verdad, su nariz crece.
No como castigo, sino como señal.
Como diciendo: te estás alejando de vos mismo.
Mientras tanto, Gepetto lo espera.
Siempre.
No cuando sea perfecto.
No cuando cambie.
Ahora. Así. Como está.
Pero Pinocho no puede verlo, porque cuando uno no se ama, tampoco puede creer que otro lo ame de verdad.
La historia no trata de obedecer reglas.
No trata de portarse bien para recibir un premio.
La historia cambia cuando Pinocho deja de huir,
cuando deja de querer parecer,
cuando se hace cargo,
cuando elige cuidar,
cuando dice la verdad aunque no le convenga.
Y recién ahí pasa algo mágico:
no se convierte en niño real porque dejó de ser marioneta,
sino porque se volvió responsable, consciente, verdadero.
Ahí entendimos el mensaje que queríamos compartir.
No somos lo que tenemos.
No somos lo que mostramos.
No somos la versión perfecta que creemos que otros esperan.
Somos lo que hacemos cuando nadie nos ve.
Somos la verdad que elegimos incluso cuando cuesta.
Somos el amor que damos aun cuando estamos rotos.
Tal vez hoy no hacía falta decir qué hacer.
Tal vez solo hacía falta recordar algo simple:
Pinocho buscó toda su vida ser real.
Nosotros solo tenemos que animarnos a no mentirnos más.
✍️ MBA Federico Pipman
CEO de Mamá Mía 360 | Asesor de negocios y coach motivacional

