
El desafío de ser protagonista
Yo también fui espectador.
No por falta de sueños, ni de ideas, ni de capacidad.
Fui espectador porque tenía miedo.
Miedo a equivocarme, a decepcionar, a perder lo que ya tenía.
O de perder lo que nunca tuve.
Y como muchos, lo disfrazaba de prudencia, de paciencia, de “todavía no”.
Hasta que entendí algo incómodo:
no estaba esperando el momento correcto, estaba esperando no sentir miedo.
Y ese día nunca llega.
El autoengaño más cómodo
Ser espectador es cómodo.
Podés opinar sin arriesgar.
Soñar sin comprometerte.
Quejarte sin hacerte cargo.
El espectador siempre tiene una excusa inteligente:
- “No es el momento”
- “Ahora no se puede”
- “Cuando esté más preparado”
- “Con este contexto, imposible”
Y ojo: casi todas son razonables.
Por eso son tan peligrosas.
Porque mientras esperás que la vida cambie,
la vida pasa.
Protagonista no es héroe (es alguien cansado de huir)
Ser protagonista no es tener claridad absoluta.
Es dejar de mentirte.
Es aceptar que:
- no vas a tener garantías
- no todos te van a entender
- vas a dudar incluso después de empezar
Pero igual avanzás.
El protagonista no es valiente porque no siente miedo.
Es valiente porque se cansó de traicionarse.
El verdadero enemigo
No es el fracaso.
No es la falta de oportunidades.
Ni siquiera es el miedo.
El verdadero enemigo es la comodidad disfrazada de sensatez.
El “así estoy bien” que en realidad es “así no me expongo”.
El aplauso ajeno usado como brújula.
La vida vivida en modo ahorro de energía.
Eso es lo que duerme leones.
No decidir también decide
Hay una verdad que casi nadie quiere mirar de frente:
No elegir también es una elección.
Y suele costar más caro que equivocarse.
Se paga con frustración silenciosa.
Con envidia mal disimulada.
Con esa pregunta que aparece de noche, cuando nadie te mira:
“¿Y si hubiera intentado?”
La vida no castiga al que se equivoca intentando.
La vida desgasta al que se abandona por miedo.
El protagonismo empieza pequeño (pero es irreversible)
No hace falta destruir tu vida para empezar a vivirla.
Hace falta honestidad.
A veces ser protagonista es:
- decir lo que venís callando
- poner un límite
- pedir ayuda
- tomar esa decisión incómoda
- dejar de postergarte
No es épico desde afuera.
Es revolucionario por dentro.
Y una vez que empezás, no hay vuelta atrás.
Porque ya sabés lo que es elegirte.
La pregunta que no se puede desleer
No sé qué vas a hacer con este texto.
Podés cerrarlo, seguir scrolleando y olvidarlo.
Pero después de leer esto, hay algo que ya no podés decir:
Que no sabías.
Así que la pregunta es simple, pero no cómoda:
¿En qué parte de tu vida estás siendo espectador?
¿Qué estás esperando que, en el fondo, ya depende de vos?
Ese es el desafío.
No ser perfecto.
No ser valiente todo el tiempo.
Ser protagonista.
✍️ MBA Federico Pipman
CEO de Mamá Mía 360 | Asesor de negocios y coach motivacional

