
El Espejo de Iom Kipur: cuando el otro me refleja a mí mismo
En una esquina cualquiera, un hombre pasa apurado. Sus bolsillos llenos, su traje impecable, su vida —aparentemente— en orden. Frente a él, sentado en la vereda, un mendigo no extiende la mano, no pide monedas. En cambio, sostiene un espejo.
El hombre lo mira, y en ese instante, la sorpresa lo sacude: en el reflejo no ve al mendigo, sino a sí mismo. El mensaje es brutal, simple y eterno: “Yo soy tú, tú eres yo”.
El espejo del alma
Iom Kipur, el Día del Perdón, es justamente eso: un espejo. Durante 25 horas no comemos, no bebemos, no trabajamos, no nos distraemos. Nos enfrentamos a la pregunta más difícil: ¿Quién soy realmente cuando se apagan las excusas?
Así como en la caricatura el mendigo devuelve la propia imagen al hombre, en Iom Kipur la vida nos obliga a mirarnos sin máscaras. Sin trajes. Sin disfraces. Solo nosotros frente a D-os y frente a nuestra conciencia.
El reflejo en el prójimo
El judaísmo enseña que cada ser humano es un reflejo. Lo que juzgo en el otro, muchas veces es lo que no quiero aceptar en mí. Lo que me molesta de mi prójimo, suele ser un eco de mis propias carencias.
Cuando pasamos frente a alguien en necesidad, la Torá nos recuerda: ese también podrías ser tú. El rostro ajeno nos devuelve nuestra propia vulnerabilidad. El otro no es extraño: el otro es un espejo de nuestra humanidad compartida.
El reflejo colectivo
En la plegaria de Iom Kipur repetimos: “Jatanu, Avinu, Pashanu” – “hemos pecado”. No dice “él” pecó, ni “ellos” se equivocaron. Dice “nosotros”.
Ese plural nos obliga a reconocer que en este día no hay ricos ni pobres, exitosos ni fracasados, poderosos ni débiles. Solo un pueblo que se mira junto en un mismo espejo, aceptando sus errores y buscando reparar.
Israel: la memoria en el espejo
En Israel, Iom Kipur no es solo un día de silencio en las calles. Es también un eco de la guerra que estalló en 1973, cuando en el día más sagrado fuimos atacados por sorpresa.
Ese día, la nación entera se miró en un reflejo brutal: la fragilidad de un pueblo que debía reaccionar con unidad, coraje y fe. Desde entonces, Iom Kipur nos recuerda que la memoria es un espejo que no podemos quebrar: si olvidamos, repetimos.
El espejo de la guerra hoy
Este año no solo recordamos. Vivimos otra guerra que sigue abierta, que golpea nuestras casas, nuestras fronteras y nuestros corazones.
Cada sirena, cada soldado caído, cada rehén que aún espera volver, nos devuelve la misma imagen: un pueblo que solo sobrevive si se reconoce como uno solo.
El dolor del otro no es ajeno. La victoria de Israel no es parcial. Lo que sucede en esta tierra es un reflejo que alcanza a cada judío, en cada rincón del mundo.
Transformar la imagen
Iom Kipur no es solo arrepentimiento, es transformación.
- Si vi egoísmo, que se vuelva generosidad.
- Si vi indiferencia, que se convierta en empatía.
- Si vi miedo, que se transforme en valentía.
- Si vi fracturas, que se reparen con amor.
El verdadero perdón no es solo pedir: es cambiar el reflejo que mañana veremos en el espejo.
Conclusión: el espejo nunca miente
La caricatura nos deja una enseñanza inolvidable: cuando ves al otro, te ves a ti mismo. Iom Kipur es el momento de aceptar ese reflejo y elegir qué hacer con él.
No podemos ignorar al necesitado, no podemos olvidar nuestra historia, no podemos dejar de defender a Israel. Porque cada uno de esos espejos nos recuerda lo mismo: somos un mismo pueblo, un mismo destino, una misma responsabilidad.
Que este Iom Kipur tengamos la valentía de mirarnos en todos los espejos —el personal, el del prójimo, el de nuestra historia y el de nuestra guerra actual— y que la imagen que devolvamos al mundo sea de unidad, vida y luz.
✍️ MBA Federico Pipman
CEO de Mamá Mía 360 | Asesor de negocios y coach motivacional

