Frustraciones, inteligencia emocional y el alma del olé
Hoy quiero compartirte una conversación que me atravesó el alma.
Estaba hablando con mi amada amiga, la luchadora, hermosa y dulce Susana Sandler —un verdadero ser de luz— que desde hace más de 20 años, de forma absolutamente incondicional, dedica su vida a ayudar a los olim en todos los campos y áreas. Escucha, contiene, guía, y sostiene a quienes llegan a Israel con maletas llenas de sueños… y también con mochilas emocionales pesadas.
Hablamos de un tema tan invisible como real:
Las frustraciones. Y sus consecuencias.
La frustración silenciosa de los olim
La frustración de un olé no siempre grita. A veces se esconde. En la mirada apagada. En la sensación de “no pertenezco”. En la impotencia de no poder expresarte bien en hebreo. En el desánimo que aparece cuando el currículum no abre puertas. En la soledad del que fue «alguien» en su país de origen y acá, de golpe, es «nadie».
Esa frustración no es debilidad. Es humana.
Pero si no se la reconoce y gestiona, puede derivar en angustia, depresión, autoexigencia paralizante, y en algunos casos, en el deseo de abandonar todo.
Reencontrarme con lo que ya sabía (y lo que nunca es suficiente)
Justamente, en estos días, B»H estoy participando de una formación privada en inteligencia emocional. Tema que tuve el privilegio de estudiar muchas veces, que apliqué en mi vida, en mis asesorías y conferencias. Pero por distintos motivos —divinos, emocionales, personales— hoy vuelve a mí con más profundidad que nunca.
Y entendí algo muy fuerte:
La aliyá no solo exige logística, idioma y trámites. Exige inteligencia emocional. Mucha. Cada día.
¿Qué es la inteligencia emocional y por qué es vital para los olim?
La inteligencia emocional es la capacidad de entender lo que sentís, gestionarlo, expresarlo de forma sana, y también, de conectar con lo que sienten los demás.
Para un olé, desarrollar esta habilidad puede ser la diferencia entre colapsar o adaptarse, entre rendirse o persistir, entre sobrevivir o construir una nueva vida con sentido.
Incluye herramientas como:
Autoconciencia: reconocer cuándo estás frustrado, enojado o triste, sin negarlo.
Autorregulación: no dejar que esas emociones te dominen ni dañen tus vínculos.
Motivación interna: sostener tus decisiones incluso sin recompensas inmediatas.
Empatía: entender que cada olé tiene su propio duelo y proceso.
Habilidades sociales: construir comunidad, pedir ayuda, dar, recibir y acompañar.
Tolerancia a la frustración: la joya oculta
Una parte esencial de la inteligencia emocional es la tolerancia a la frustración. Algo que todos los olim, sin excepción, vamos a tener que cultivar.
No todo sale como planeamos. No siempre el ulpán es lo que imaginábamos. No siempre la integración laboral es rápida. No siempre la familia se adapta al mismo ritmo.
Pero la pregunta clave es:
¿Cómo reaccionás cuando las cosas no salen como querés?
La respuesta, muchas veces, define tu camino.
Una historia personal (que tal vez sea la tuya)
Recuerdo el primer día que fui al Misrad Hapnim. Tenía todos mis papeles en regla, una actitud positiva, ganas de cooperar. Salí de ahí con un nudo en la garganta, sintiéndome invisible, impotente, confundido. Me pregunté si había hecho lo correcto.
Pero también recuerdo el momento en que decidí que ese día no definiría mi historia. Que la frustración no me iba a robar el derecho de florecer.
No estás fallando, estás en proceso
La aliá no es un trámite. Es un viaje emocional y espiritual. No estás fallando porque te frustrás, porque dudás o porque llorás. Estás en proceso, y los procesos verdaderos toman tiempo, errores, ajustes, silencios, y mucha compasión contigo mismo.
A veces, crecer duele. Pero no porque estés haciendo algo mal, sino porque estás transformándote.
Perspectiva judía: ¿Qué hacemos con nuestras emociones?
El judaísmo no niega la emoción. La abraza, la nombra, la encausa.
Desde el Mussar (trabajo interior sobre las midot/características personales), hasta los ejemplos bíblicos, vemos cómo incluso los más grandes lucharon con frustraciones intensas:
Moshe Rabeinu, frustrado por no poder entrar a la Tierra Prometida.
Iosef, vendido por sus hermanos, injustamente encarcelado… y sin embargo, no se quebró.
El pueblo en el desierto, frustrado por la incertidumbre, el hambre, el miedo.
Pero a lo largo de la historia judía, aprendimos que cada caída puede transformarse en elevación, cada obstáculo en aprendizaje, cada demora en revelación.
Un escudo contra el mal de ojo: el buen ojo
Mi querido rabino y guía, Richard Kaufmann, me lo dijo con una claridad que me marcó:
“Contra el mal de ojo, hay una sola defensa real: tener buen ojo. Estar feliz con el éxito del otro. Eso genera un escudo protector”.
Y yo agrego:
Tener buen ojo también hacia uno mismo.
Poder ver con bondad tu proceso. Celebrar tus pasos, aunque sean pequeños. No exigirte perfección, sino valorarte por tu constancia.
Consejos prácticos para olim (y para todos)
- Nombrá lo que sentís. No te lo tragues. Hablarlo ya es sanador.
- Aceptá que frustrarse no es fracasar. Es parte del camino.
- No te compares. Cada olé tiene su propio GPS emocional.
- Buscá ayuda emocional si la necesitás. Ulpán para el alma.
- Conectá con tu motivación profunda. ¿Por qué hiciste aliyá?
- Rodeate de gente con buen ojo, que te eleve, no que te juzgue.
- Celebrá logros mínimos. ¡También eso es construir hogar!
Y para quienes no son olim, pero sí son parte de esta tierra…
Si sos sabra, si naciste acá, o llegaste hace muchos años y ya hiciste raíces, vos también podés ser parte de esta construcción emocional.
Sé paciente con quienes todavía no se sienten en casa.
No sabés lo que hay detrás de su acento, su torpeza, su nostalgia.
Un gesto amable, una sonrisa, una explicación más, pueden ser el puente que salve a alguien del abandono emocional.
Israel se construye con infraestructura, sí. Pero también con corazones sensibles.
A Susana, a Richard, y a cada olé
Este artículo es un abrazo a vos que estás atravesando un proceso desafiante.
Es una carta de gratitud a personas como Susana Sandler, que son ángeles con forma humana.
Y es un homenaje a líderes como el rabino Richard Kaufmann, que nos enseñan que el alma también necesita alimento emocional, guía y perspectiva espiritual.
¿Y ahora qué?
Ahora, te invito a mirar tu frustración no como un enemigo, sino como un maestro.
A conectar con tu inteligencia emocional como si fuera parte del equipaje más importante que trajiste en el avión.
Y sobre todo, a recordar:
Aliá no es solo llegar. Aliá es subir. Con todo el corazón. Y con herramientas que te ayuden a no bajar.
Y como decimos en el Birkat hamazon
“Los que siembran con lágrimas, cosecharán con alegría.” (Tehilim 126:5)
MBA Federico Pipman asesor de negocios y Coach motivacional

