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ז׳ בשבט ה׳תשפ״ו (25/01/2026)
בס"ד

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“La Palanca” el chiste que explica por qué algunos no consiguen trabajo (y otros sí)

Hace poco vi un dibujo que me hizo reír a carcajadas.
Una entrevistadora le pregunta a un candidato:
“Es una entrevista laboral, ¿qué hacés con eso?”
Y él, muy serio, responde:
“Me dijeron que si tenía una palanca quedaba seguro…”

? Claro, entendió mal.
No hablaban de una palanca literal, sino de contactos, recomendaciones, influencias.
Pero detrás del chiste hay una verdad profunda sobre el mundo laboral y empresarial de hoy.

Vivimos en la era de las palancas invisibles

La “palanca” moderna no es un palo.
Es tu reputación, tu red de contactos, tu coherencia y tu valor.
Cada interacción, cada mensaje en redes, cada cliente satisfecho o defraudado…
todo se acumula en una gran balanza que decide si te abren o te cierran puertas.

Y lo más increíble:
las verdaderas palancas no se piden prestadas,
se construyen con tiempo, confianza y resultados.

? Las tres palancas que sí te dejan “seguro”

  1. Palanca de valor → Lo que sabés hacer, lo que resolvés, cómo impactás.
    Si no sumás, no hay contacto que te salve.
  2. Palanca de relaciones → No es “tener conocidos”, es ser conocido por tu valor.
    Networking no es mendigar ayuda, es ofrecer algo que otros quieran tener cerca.
  3. Palanca de coherencia → La más poderosa y la más difícil.
    Lo que decís, hacés y mostrás deben sonar igual.
    La gente confía en quien predica con el ejemplo, no con el currículum.

? Y si vivís en Israel… la palanca tiene otro significado

En Israel, la palabra “palanca” se traduce en algo mucho más profundo:
la red humana que sostiene, conecta y empuja hacia adelante.

Acá nadie llega solo.
El olé que te recomienda, la vecina que te presenta al contador,
el rabino que te invita al primer Shabat comunitario,
el amigo que te mete en un grupo de WhatsApp con oportunidades de trabajo…
esa es la verdadera palanca israelí: la solidaridad activa.

Porque en esta tierra, donde cada día se construye a pulmón,
la palanca no es “quién te acomoda”,
sino quién te acompaña mientras vos te ganás tu lugar.

Y cuando das una mano a otro olé,
no solo lo ayudás a subir,
sino que te transformás en parte del mismo mecanismo que un día te levantó a vos.

Lección final: no busques la palanca, sé la palanca

En el fondo, este chiste nos recuerda algo hermoso:
cuando uno trabaja su propósito, cuando ayuda sin esperar,
cuando se vuelve confiable y auténtico,
ya no necesita una palanca para entrar.
Las puertas se abren solas.

Y si alguna no se abre…
quizás no era tu puerta.
Quizás era una pared disfrazada de oportunidad.

Tu nombre, tu historia, tu marca personal: esa es la palanca más poderosa que existe.
No se compra. No se hereda. Se gana todos los días.
Y en Israel, además, se comparte.

✍️ MBA Federico PipmanCEO de Mamá Mía 360 | Asesor de negocios y coach motivacional

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