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ז׳ בשבט ה׳תשפ״ו (25/01/2026)
בס"ד

No respondas preguntas tontas: la lección eterna del Talmud

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Un joven que había estudiado lógica acudió a un rabino y le pidió ser instruido en Talmud.

—¿Lógica? —preguntó el rabino—. Dudo que eso sea suficiente para estudiar Talmud, pero te tomaré una prueba. Supongamos que dos hombres bajan por una chimenea: uno sale con la cara limpia y el otro con la cara sucia. ¿Cuál se lava la cara?

—Eso es fácil: el de la cara sucia —respondió el estudiante.

—Incorrecto —dijo el rabino—. El de la cara limpia. Veamos: el de la cara sucia mira al de la limpia y piensa que su cara también está limpia. El de la cara limpia mira al de la sucia y piensa que la suya está sucia, así que él se lava.

—No pensé en eso… deme otra oportunidad —pidió el joven.

—Está bien. Dos hombres bajan por una chimenea: uno sale con la cara limpia y el otro con la cara sucia. ¿Cuál se lava la cara?

—Acabamos de responderlo: aquel con la cara limpia —contestó el estudiante.

—No. Ambos se lavan la cara —replicó el rabino—. El de la cara sucia mira al de la limpia y piensa que su cara también lo está. Pero el de la limpia, al mirar al de la sucia, cree que la suya también lo está, así que se lava. Y cuando el de la sucia ve que el de la limpia se lava, él también se lava. Por lo tanto, ambos se lavan.

—No me di cuenta de esa alternativa… deme otra oportunidad.

—Está bien. Dos hombres bajan por una chimenea: uno sale con la cara limpia y el otro con la cara sucia. ¿Cuál se lava la cara?

—Ambos —respondió con énfasis el estudiante.

—No. Ninguno de los dos —dijo el rabino—. El de la cara sucia mira al de la limpia y piensa que la suya también lo está. El de la cara limpia mira al de la sucia y piensa que su cara está sucia. Pero cuando ve que el de la sucia no se lava, él tampoco se lava. Así que ninguno se lava.

—Una última oportunidad —pidió el joven—. Le demostraré que puedo estudiar Talmud.

—Muy bien —dijo el rabino—. Dos hombres bajan por una chimenea: uno sale con la cara limpia y el otro con la cara sucia. ¿Cuál se lava la cara?

—Ninguno —exclamó triunfalmente el estudiante.

El rabino lo miró con paciencia y concluyó:
—¿Ves ahora por qué la lógica no es suficiente para estudiar Talmud? ¿Cómo es posible que dos hombres que bajan por la misma chimenea, uno salga con la cara sucia y el otro con la cara limpia? ¡La pregunta misma es absurda! Y si intentas contestar una pregunta absurda, tu respuesta será absurda. Aprende algo más de lógica antes de que intentes estudiar Talmud.

Un joven, orgulloso de haber estudiado lógica, se presentó ante un rabino y le pidió permiso para estudiar Talmud. El rabino, con una sonrisa entre paciente y desafiante, le propuso una prueba sencilla:

“Dos hombres bajan por una chimenea. Uno sale con la cara limpia, el otro con la cara sucia. ¿Quién se lava la cara?”.

Lo que parecía un problema elemental de razonamiento se convirtió en una serie interminable de respuestas y correcciones: primero el estudiante dijo que se lavaba el sucio, luego que el limpio, después que ambos, más tarde que ninguno… Cada vez que creía haber encontrado la lógica perfecta, el rabino le demostraba que estaba equivocado.

Finalmente, cuando el joven respondió seguro de sí mismo, el rabino lo interrumpió:

“¿Ves ahora por qué la lógica no es suficiente para estudiar Talmud? ¿Cómo es posible que dos hombres bajen por la misma chimenea y uno salga limpio y el otro sucio? ¡La pregunta misma es absurda! Si te concentras en responder preguntas absurdas, tus respuestas también serán absurdas”.

La enseñanza

El cuento es una joya pedagógica. Nos muestra que el Talmud —y la vida— no se pueden abordar solo desde la lógica lineal. Hace falta aprender a cuestionar los supuestos de base, a mirar más allá de la forma y a descubrir si la pregunta que nos hacen es, en sí misma, correcta.

En los negocios, en la educación, en las decisiones diarias, muchas veces perdemos tiempo buscando la “respuesta perfecta” sin darnos cuenta de que estamos respondiendo a la pregunta equivocada.

La verdadera sabiduría no está en tener siempre la mejor respuesta, sino en saber identificar cuáles son las preguntas que vale la pena responder.

La frutilla del postre

El rabino no solo estaba probando la inteligencia de su alumno, estaba enseñándole algo mayor: la vida no se resuelve con lógica fría, sino con la capacidad de cuestionar, de mirar el trasfondo y de entender la esencia de cada situación.

Porque responder preguntas absurdas con respuestas brillantes no nos acerca a la verdad. La grandeza está en atreverse a formular nuevas preguntas.

✍️ MBA Federico Pipman
CEO de Mamá Mía 360 | Asesor de negocios y coach motivacional

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