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בס"ד

Una cosa he pedido: estar siempre, sorprenderme siempre

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Una cosa he pedido: estar siempre, sorprenderme siempre

Por MBA Federico Pipman, CEO de Mamá Mía 360, asesor de negocios y coach motivacional

El salmo que acompaña todo un tiempo espiritual

Cada año, cuando llega Rosh Jodesh Elul, la tradición judía nos regala un acompañante diario: el Salmo 27. Lo repetimos dos veces por día, desde el inicio de Elul hasta el final de Sheminí Atzeret o incluso Simjat Torá, dependiendo de la costumbre comunitaria.

Este período, que abarca casi dos meses, incluye Elul, Rosh Hashaná, Iom Kipur, Sucot y Sheminí Atzeret. Es un viaje espiritual completo, una escalera que subimos paso a paso. Y el salmo es nuestra canción de fondo, nuestro recordatorio permanente de que Dios es nuestra luz, nuestra salvación y nuestro refugio.

El corazón del salmo: un pedido único

Dentro de este texto poderoso, hay un versículo que brilla como joya central:

אַחַת שָׁאַלְתִּי מֵאֵת ה’ אוֹתָהּ אֲבַקֵּשׁ; שִׁבְתִּי בְּבֵית ה’ כָּל יְמֵי חַיַּי, לַחֲזוֹת בְּנֹעַם ה’, וּלְבַקֵּר בְּהֵיכָלוֹ.

“Una cosa he pedido a Hashem, a ella habré de aspirar: habitar en la Casa de Hashem todos los días de mi vida, para contemplar la dulzura de Hashem y visitar Su Santuario.” (Tehilim 27:4)

A primera vista, parece simple: el Rey David pide cercanía a Dios. Pero al mirar más profundo, descubrimos una paradoja fascinante.

La paradoja de habitar y visitar

El pasuk dice dos cosas opuestas:

  • “Habitar todos los días” – es estabilidad, permanencia, seguridad.
  • “Visitar Su santuario” – es novedad, frescura, asombro.

¿Cómo se puede habitar y visitar al mismo tiempo?

Los comentaristas explican que David Hamelej nos enseña el secreto de la vida espiritual y humana: estar siempre, pero como si fuera la primera vez.

Habitar significa pertenecer, sentir que tenemos raíces. Visitar significa mantener la capacidad de asombro, entrar con ojos nuevos, no dar nada por sentado.

El Maharal enseña que la rutina es necesaria para sostener la vida, pero peligrosa si nos anestesia. El Malbim agrega que “visitante” no significa pasajero, sino alguien que cada vez que entra se detiene, observa y aprende.

El mensaje es profundo: la permanencia necesita del asombro, y el asombro necesita de la permanencia.

De Elul a Sheminí Atzeret: un entrenamiento para el alma

No es casualidad que este salmo lo recitemos justo en estos días.

En Elul despertamos al sonido del shofar: volvemos a mirar nuestra vida con ojos nuevos.
En Rosh Hashaná celebramos a Dios como Rey, como si fuera la primera vez que lo coronamos.
En Iom Kipur nos limpiamos para comenzar de nuevo.
En Sucot vivimos en cabañas frágiles y nos asombramos de la alegría incluso en la vulnerabilidad.
En Sheminí Atzeret nos quedamos un día más con Dios, como quien no quiere que termine la cita más especial de su vida.

Todo este ciclo es un ejercicio de “habitar y visitar”: estar siempre en relación con Hashem, pero con la emoción renovada de un turista en cada paso.

Aplicación a la vida real: olim, emprendedores, parejas

Este pasuk no es solo una oración antigua. Es un mapa existencial.

El olé jadash quiere echar raíces en Israel, construir estabilidad, sentirse en casa. Pero también debe conservar la mirada del que recién llega, maravillarse con el hebreo en la calle, con la tierra que pisa, con el simple hecho de vivir lo que sus abuelos soñaron.

El emprendedor necesita disciplina, procesos, constancia – eso es “habitar”. Pero también innovación, creatividad y curiosidad – eso es “visitar”. El que solo habita se vuelve burocrático. El que solo visita nunca construye nada. El equilibrio es la clave del éxito.

Las parejas y las familias necesitan presencia diaria, convivencia, rutina. Pero también necesitan la chispa del visitante: seguir sorprendiéndose, seguir mirándose como la primera vez, seguir eligiéndose.

Un recuerdo de mi Bar Mitzvá

Cuando tenía 13 años y celebré mi Bar Mitzvá, el DJ repetía una y otra vez una melodía que me quedaba grabada. Yo no sabía qué era, no entendía de dónde venía. Años después descubrí que era la melodía de este mismo salmo, “LeDavid Hashem orí veyish’í”.

Hoy me emociona pensar que, sin darme cuenta, aquella música ya me estaba marcando el camino: un pasuk que me acompañaría para siempre, que recito en Elul, que utilicé en mi propuesta de matrimonio, y que hoy comparto como fuente de inspiración para olim y emprendedores.

Mi propia historia con este pasuk

Este versículo me acompañó en incontables momentos de mi vida. Uno de los más significativos fue cuando decidí dar un paso gigante: pedirle matrimonio a Jani.

Recuerdo que, al abrir mi corazón, le dije:
“Quiero estar contigo todos los días de mi vida, pero sorprenderme siempre, como un turista en cada día.”

Ella sonrió, y entendí que esas palabras no eran solo mías: eran las mismas de David Hamelej, siglos atrás. Porque el verdadero amor, ya sea entre personas o entre el hombre y Dios, necesita dos ingredientes: constancia y asombro.

Una invitación para vos

Cada mañana que repetimos este salmo, Dios nos regala un desafío y una oportunidad: vivir con raíces, pero también con ojos de turista. Agradecer lo cotidiano, pero también maravillarnos de lo que parece obvio. Ser constantes en nuestra fe, en nuestros negocios, en nuestras familias, pero nunca perder la capacidad de sorprendernos.

Si logramos eso, Elul no es solo un mes en el calendario, sino un motor para transformar nuestra vida todo el año.

Hoy quiero invitarte a hacer lo mismo que pidió David Hamelej: construí tu casa, tu rutina, tu proyecto, tu familia. Pero entrá en ellos cada día como visitante, como quien se asombra, como quien estrena la vida.

Así, como olim, como emprendedores, como seres humanos, podremos estar siempre y sorprendernos siempre.

✍️ MBA Federico Pipman
CEO de Mamá Mía 360 | Asesor de negocios y coach motivacional

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