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בס"ד

Te invitan a liderar… pero te cortan las piernas

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Te invitan a liderar… pero te cortan las piernas

El absurdo de exigir resultados mientras te niegan las herramientas

?️ Por Federico Elian Pipman – Asesor de negocios, educador y sobreviviente del liderazgo decorativo

Hay imágenes que no solo ilustran: despiertan.
Hace poco vi una caricatura: un orador en un podio dice:
“Y los que no estén de acuerdo, que den un paso al frente.”
Pero frente a él… hay un precipicio.

Hay imágenes que son espejos.
No de lo que somos, sino de lo que toleramos.
Parece una invitación al disenso.
En realidad, es una sentencia de muerte.

La escena es absurda y trágica a la vez.
Se invita al diálogo, pero disentir es caer.
Es una trampa disfrazada de democracia.
Una sátira de esos lugares donde se finge apertura, pero se castiga pensar distinto.

Y entonces me cayó la ficha: yo estuve ahí.

El cargo sin poder

Lo viví en carne propia.
Años atrás, fui nombrado director educativo en una Yeshivá.
Un cargo que sonaba importante. Una oportunidad para impactar, transformar, mejorar.

Pero en la práctica, no podía decidir nada.
No podía poner límites.
No podía premiar el esfuerzo.
No podía diseñar un plan, ni decir “esto no funciona”.
Cualquier propuesta era neutralizada.

Se me pedían resultados con los alumnos, pero me ataban las manos para lograrlos.
Me dieron un podio… sin voz.
Me dieron un título… sin autoridad.
Me empujaron a liderar… sin dejarme liderar.

Era un “director decorativo”.
Un actor sin guion, sin escenario, sin luz.
Y aún así, me pedían una obra maestra.

Esa experiencia me marcó.
Me enseñó que el poder sin legitimidad es una farsa,
y que la autoridad sin herramientas es una tortura silenciosa.

El consultor fantasma

Más adelante, ya con mi propia empresa de marketing y relaciones públicas, me tocó vivirlo de nuevo.
Clientes que me contrataban para crear estrategias, posicionar marcas, aumentar ventas…
pero al mismo tiempo:

  • Rechazaban toda pauta propuesta.
  • No querían invertir.
  • Pedían resultados rápidos sin hacer cambios estructurales.
  • Querían magia sin método, milagros sin movimiento.

Querían “estrategia” sin riesgos.
Querían que haga mi trabajo, pero sin tocar nada.

De nuevo, me dieron un título (“el experto”), pero me prohibieron accionar.
Querían resultados sin incomodarse.
Yo estaba en el podio, pero con la boca tapada.

Disentir: acto de coraje, no de rebeldía

El que disiente no necesariamente quiere romper todo.
Muchas veces, quiere salvar lo esencial.
Pero en culturas donde el poder no se comparte y el pensamiento se castiga, disentir se convierte en una amenaza.
Y así, el miedo se vuelve norma, y el silencio se instala como el nuevo patriotismo, la nueva obediencia, la nueva “paz”.

Pero hay que decirlo claro:
El que calla para no caer, también cae.
Solo que cae por dentro.

El patrón oculto

Ya no era casualidad. Era un patrón.
Lo vi en instituciones, empresas, comunidades e incluso familias:

Gente que pide cambios, pero no quiere cambiar.
Que te dice “liderá”, pero sin tocar lo importante.
Que te da una misión, pero te niega toda herramienta.

Y cuando el fracaso llega, culpan al que no pudo actuar.
Porque es más fácil señalar que habilitar.

? Y si estás leyendo esto, estoy seguro que te pasa lo mismo.
Te piden resultados, pero te atan las manos.
Te dicen “animate”, pero no te dan red.
Querés hacer las cosas bien… pero todo está diseñado para que falles en silencio.

El costo del paso al frente

En este mundo, muchas veces el que da el paso al frente paga el precio más alto.
Pierde el puesto. La beca. El círculo. La invitación.
A veces pierde amigos. A veces, la libertad.
Y sin embargo, son esos pasos al frente los que escriben la historia.
Porque el progreso humano nunca vino del que se quedó callado. Siempre vino del que se animó.

Moshe rabeinu ante el faraón.
David ante Goliat.
Los Macabeos ante los iebanim.
Herzl ante Europa.
Rab Kahana ante los tibios.

El paso al frente siempre dolió. Pero también siempre abrió camino.

«צֶדֶק צֶדֶק תִּרְדֹּף»
Justicia, justicia perseguirás… (Devarim 16:20)
Porque callar frente a la injusticia no es neutralidad: es complicidad.

Mi conclusión

El verdadero liderazgo no se mide por el título en la puerta, ni por las fotos del evento.
Se mide por cuánta libertad hay para decidir, para errar, para crear.
Y sobre todo: por cómo se trata al que disiente.

No hay crecimiento sin conflicto.
No hay innovación sin tensión.
No hay transformación sin incomodidad.

El que quiere resultados sin permitir cambios, no quiere mejorar: quiere controlar.
Y el que acepta un rol sin margen de acción, termina vacío, frustrado, quemado.

Si vas a darme un cargo, dame también el derecho a decidir.
Si vas a llamarme líder, soltá un poco el control.
Y si querés resultados reales, preparate para dejar que algo se mueva.

Porque no se puede construir nada parado al borde del abismo, con las manos atadas.

Federico Elian Pipman
Asesor de negocios y emprendedores.
Ex director decorativo.
Actual constructor de cambios con permiso para accionar.

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