
«Los Tres Cerditos»: Una lección atemporal para emprendedores
El cuento: una historia conocida con más profundidad de la que creemos
Había una vez tres cerditos que decidieron independizarse y construir sus propias casas para protegerse del temido lobo feroz. Cada uno eligió un enfoque distinto:
El primer cerdito, con ganas de terminar rápido y ponerse a jugar, construyó su casa de paja. Le llevó poco tiempo y esfuerzo.
El segundo cerdito también buscaba comodidad y rapidez, pero fue un poco más estructurado. Usó madera para su casa, creyendo que era más resistente que la paja, aunque no se tomó el tiempo de reforzarla.
El tercer cerdito, en cambio, se dedicó con paciencia y disciplina. Eligió ladrillos, trabajó duro y tardó más tiempo, pero su casa era sólida y resistente.
Un día, el lobo feroz llegó. Primero fue a la casa de paja:
—¡Soplaré y soplaré y tu casa derribaré!
Y así fue. La casa voló por los aires.
El cerdito corrió a la casa de madera de su hermano, pero el lobo no tardó en hacerla pedazos también.
Ambos cerditos huyeron a la casa del tercer hermano. Cuando el lobo intentó derribarla, sopló y sopló… pero no lo logró. La casa resistió. Intentó entrar por la chimenea, pero cayó en una olla con agua hirviendo. Los cerditos estaban a salvo, gracias a la preparación y visión del tercer hermano.
El paralelismo con el mundo emprendedor
Este cuento infantil, aunque sencillo, refleja tres perfiles muy comunes en el mundo de los emprendedores:
? El emprendedor «de paja»
Quiere resultados rápidos. Lanza un producto o servicio sin validar, sin investigar, sin estrategia. Puede tener un buen comienzo, pero al primer «soplo» del mercado (crisis, competencia, problemas de gestión), todo se viene abajo.
? El emprendedor «de madera»
Tiene buenas intenciones y algo más de estructura. Tal vez invierte un poco más en branding, procesos o alianzas. Pero sigue sin una base firme: no tiene claridad financiera, no define su propuesta de valor, no construye comunidad. A la larga, también es vulnerable.
? El emprendedor «de ladrillos»
Este es el que entiende que un negocio sólido requiere tiempo, trabajo y estrategia. Hace estudios de mercado, define su cliente ideal, invierte en formación y en construir relaciones. Al principio parece ir más lento que los otros dos, pero cuando llega el «lobo» (inflación, cambios tecnológicos, regulaciones, burnout), su negocio resiste.
Lecciones clave para emprendedores
La prisa no siempre es aliada. A veces hay que ir lento para llegar lejos.
Invertir en fundamentos (educación, planificación, branding, procesos) es más rentable a largo plazo.
Los desafíos son inevitables. La diferencia está en cuán preparados estamos para enfrentarlos.
La visión a largo plazo es más valiosa que la gratificación inmediata.
Tajles: ¿Qué tipo de emprendedor querés ser?
Todos tenemos un poco de los tres cerditos. A veces queremos lanzar rápido, a veces mejoramos un poco pero aún sin bases, y otras logramos enfocarnos en construir ladrillo por ladrillo.
El verdadero crecimiento empieza cuando tomamos conciencia de esto y decidimos apostar por lo duradero, por lo que resiste, por lo que trasciende.
Ser el cerdito de los ladrillos no es lo más fácil, pero sí lo más sabio. Y el mercado, como el lobo, siempre vendrá a probar qué tan sólida es tu casa.
¿Estás construyendo un negocio… o solo una ilusión que se desarma con el primer viento?
Como dice mi papá, Daniel Pipman:
«No construyas castillos en el aire. Comienza por los cimientos.»
MBA Federico Pipman
Asesor de negocios

