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בס"ד

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Lej Lejá – El llamado que cambia destinos

ויאמר ה’ אל אברם, לך־לך מארצך וממולדתך ומבית אביך אל הארץ אשר אראך
(Y dijo Hashem a Abram: Ve hacia ti, de tu tierra, de tu patria y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré. – Bereshit 12:1)

? Imaginá la escena…

Un hombre de 75 años, parado frente al horizonte del desierto.
No tiene mapa, no tiene GPS, no tiene certezas.
Solo una voz que le dice: “Lej Lejá…”

“Dejá tu tierra. Tu casa. Todo lo que conocés.
Y andá.
No porque sepas a dónde vas, sino porque sabés quién te llama.”

Hay pasajes que uno lee una vez y olvida.
Y hay otros que se graban en el alma, como si fueran un tatuaje espiritual que te acompaña toda la vida.

Para mí, Lej Lejá siempre fue uno de esos.
De chico, en el shule Betam Medinat Israel (BAMI, Betam de Jonte), estudiando Torá con la mora Shoshana el Torali, este pasuk se me grabó a fuego.
No sabía por qué, pero algo dentro mío me decía que algún día iba a vivirlo.

? El llamado interior

“Lej Lejá” no significa solo “ve”.
Significa literalmente: “ve hacia ti mismo”.
No es un viaje geográfico, sino existencial. Es el llamado divino a abandonar lo cómodo, lo conocido, lo heredado, para descubrir quién sos realmente.

D-s no le promete a Abraham nada concreto: no le muestra la tierra, no le da un mapa, ni un cronograma.
Solo le dice: “anda… y te la mostraré”.
Es un salto al vacío, sostenido solo por la fe.

Y Abraham parte.
Deja su país, su cultura, su historia.
No sabe a dónde va, pero sabe con quién va.
Y ese “con quién” lo cambia todo.

✈️ Mi propio “Lej Lejá”

Años después, entendí que esa frase no era solo de Abraham.
Era mía.

En el 2006, la semana en que viajé por primera vez a Israel, la parashá que se leía era justamente Lej Lejá.
Coincidencia, dicen algunos.
Providencia, decimos los que sentimos que la Torá habla en presente.

Y como si fuera poco, cuando Rab Yehuda Cohen organizó mi Shabat Jatán, antes de casarme con Jani, volvió a tocar la misma parashá.
Tres momentos de mi vida, tres despedidas, tres comienzos…
Siempre con el mismo eco divino: “Lej Lejá – andá, que hay algo esperando por vos.”

? El coraje de partir

Irse no siempre significa huir.
A veces, partir es obedecer el llamado del alma.
No hay crecimiento sin desprendimiento.
No hay identidad sin renuncia.

Abraham no se convirtió en patriarca por quedarse cómodo en Ur Casdim, sino por animarse a dejarlo todo.
La historia de Am Israel comenzó con un paso.
El tuyo también puede.

? Ir hacia uno mismo

Cada “Lej Lejá” de la vida — cambiar de país, de trabajo, de etapa, de piel — es una oportunidad para reencontrarte con tu esencia.
El desafío no es solo llegar a la tierra prometida, sino descubrirte en el camino.
D-s no le mostró la tierra de entrada porque el destino no es un lugar: es un proceso.

A veces creemos que venimos a Israel buscando un futuro mejor, pero en realidad Israel nos devuelve hacia nosotros mismos.
Nos obliga a elegir, a decidir, a confiar, a construir desde cero.
Y ahí, entre el miedo y la esperanza, encontramos la fe.

El Lej Lejá del olé moderno

Cada olé que aterriza en Ben Gurion revive, sin saberlo, el eco de esa misma voz.
Cambia idioma, trabajo, clima, costumbres… pero no cambia la misión.
Porque Lej Lejá no es solo una orden antigua: es un ADN espiritual.
Es la chispa que empuja al alma judía a moverse, incluso cuando duele.

No se trata de dejar un país: se trata de encontrarse a uno mismo en la tierra que te llama.
De transformar la nostalgia en fe, el miedo en propósito, y el exilio en pertenencia.

? El eco que todavía resuena

Cuando cierro los ojos y leo “Lej Lejá”, escucho la voz que le habló a Abraham y que, de alguna forma, también nos habla a todos.
Una voz que dice:

“Dejá lo que conocés. Salí al camino. No tengas miedo. Yo te voy a mostrar.”

Y en ese instante entiendo que cada paso de fe es una alianza,
cada lágrima en el desierto es una promesa,
y cada comienzo es una historia que D-s está escribiendo con vos.

Porque Lej Lejá no fue solo el inicio del pueblo judío.
Fue el comienzo de cada alma que se anima a partir para encontrarse.

Hoy entiendo que Lej Lejá no fue solo el viaje de Abraham.
Fue el primer paso de todos los que alguna vez dijimos “Hineni” — aquí estoy.

Porque cuando un judío se anima a salir al camino, el cielo se abre, la historia se reescribe y D-s sonríe.

✍️ MBA Federico Pipman
CEO de Mamá Mía 360 | Asesor de negocios y coach motivacional

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